Page 17 - Edicion 766 El Directorio
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Salud
sionales de la UAH y coinvestigadora, resalta que los esfuerzos inclusi- vos no están exentos de dificultades. Como el desconocimiento inicial para abordar el tema, “a veces ni siquiera hay un lenguaje para hablar de esto”, dice.
Reconocerlo, señala Fer- nández, interpela normas y culturas hasta ahora habituales. Como, por ejemplo, dice, las bromas homofóbicas y el uso de uniforme para niñas y niños. “Son prácticas que las escuelas no se han cuestionado”.
La voz del director
dez.
Existe un prejuicio, agrega Rojas, de que se acepta la diversidad siempre y cuando sea privada. “El prejuicio es enorme. Se dice que cada uno viva su vida sin exposición pública, por- que hay niños. Detrás de eso hay un concepto de que la orientación sexual se contagia”. Por ello, dice, un director que en- tiende que “no se conta- gia” hace una diferencia relevante.
Para los adultos el tema resulta complejo, pero no para los alumnos. “Los estudiantes están abier- tos al tema y tienen, ob- viamente, mucha más palabras para conocer una gama de situaciones que los adultos no tie- nen. Para ellos es una realidad más dentro de la sala de clases”, dice Fer- nández.
Otro aspecto relevante de la investigación es que en los liceos públi- cos, si se conoce la reali- dad de niños trans, ellos viven los tránsitos de ma- nera más explícita. “Pero
no se da igual en otras instituciones, el liceo pú- blico tiene un mandato de inclusión que lo obliga a acompañar y enten- der”, dice Rojas.
Microagresiones
denomina como “microa- gresiones”, que perma- necen pese al discurso de aceptación. “Tienen que ver con la burla, con el humor, con la forma peyorativa de relacio- narse”, aclara Rojas.
Alemka Tomicic, psicó- loga y académica de la U. Diego Portales, añade que los colegios deben generar espacios segu- ros para acoger la diver- sidad sexual, tanto de los estudiantes como de do- centes y las familias. “Un espacio escolar seguro es un espacio no discri- minatorio, no violento, donde la diversidad se pueda expresar. Donde no haya diferencia en la posibilidad de ser edu- cado y que no sean cen- surados”, dice Tomicic.
Autor: Paulina Sepúlveda Garrido.
El actuar de la comuni- dad escolar, indica el es- tudio, está determinado en gran medida por el di- rector del estableci- miento. “Antes que los profesores, el rol del di- rector es clave”, dice Rojas.
Las situaciones más complejas se dan en zonas extremas y vulne- rables, señala la investi- gación. “Es más desolador. No
El trabajo detectó que la violencia física extrema era excepcional. Pero notaron que persistían otras formas de discrimi- nación más sutiles a niños y jóvenes LGBTI, como, por ejemplo, el humor.
El contexto socioeconó- mico de los centros edu- cacionales, dice el estudio, condiciona el cómo la comunidad per- cibe a la población LGBTI.
La inclusión depende de si ellos asumen el com- promiso de capacitar a los profesores y de poner en los manuales de con- vivencia la necesidad de respeto, señala Fernán-
cuentan con nin- guna red de apoyo y tienen niveles de desinformación más o menos altos”, dice Rojas. Ahí emergen opi- niones tradiciona- les y una condena pública a esa reali- dad.
Hay una serie de agresiones que la
Edición 766 Del 12 al 18 de abril del 2018
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