Page 11 - Edición 790 El Directorio
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 marcado más por lo que es posible, la fluidez, el cam- bio y lo negociable que por imágenes caducas o capa- cidades y naturalezas ina- movibles. Un mundo de extraordinarias posibilida- des personales y sociales. Compartir es más fácil que nunca, la solidaridad de grupo más factible y el mapeo comunitario de nue- vas huellas digitales está propiciando que múltiples grupos de población antes escondidos inspiren res- peto social, comercial y po- lítico. Es un mundo en el que la inteligencia humana se podrá repa- rar y rein- ventar. Y uno cuyos cimientos rocosos se están volviendo fluidos a medida que las capas digitales au- mentan la realidad con indi- cadores personalizados. También es un mundo cada vez más penetrado por un grupo creciente de inteli- gencias no humanas (pre- gúnteselo al asistente Alexa de Amazon, aunque no lo admitirá).Todo esto di- fumina las fronteras entre cuerpo y máquina, entre mente y mundo, entre la re- alidad estándar y la aumen- tada y virtual, y entre lo humano y posthumano. Es- tamos en la cúspide de esta ola de cambio, el mo- mento en el que, de forma creciente, la inclusividad de un tipo (extensiones de la libertad personal, social y sexual) choca con la ame- naza de nuevas formas de exclusión, a medida que los ciberpoderosos, fluidos y conectados, se diferencian cada vez más de los ciber- débiles, no aumentados y menos conectados. ¿Qui- zás sea parte del precio que hay que pagar por toda
esa loable relajación so- cial? Después de todo, hubo una época en la que los textos académicos eran terreno de unos pocos gru- pos de humanos envidia- blemente bien posicionados. Al final (y con la invención de la produc- ción en masa a bajo coste) el potencial transformador del texto se liberó, y trans- formó el mundo. Hay que saborear este momento, in- cluso si, mientras tanto, lla- mamos a tener cuidado y ser precavidos con la velo- cidad, la naturaleza y el al- cance de estos cambios. Este proceso implica acos- tumbrarnos a la extraña na- turaleza y la capacidad de penetración de muchas de las nuevas subinteligencias que ahora nos rodean. Son algoritmos que hablan con nosotros, que nos obser- van, que negocian por no- sotros, que nos buscan citas, que sugieren qué po- dríamos comprar, vender o ponernos. Son algoritmos que acumulan información sobre nosotros, y que, poco a poco, irán penetrando en todos los entornos construi- dos por el hombre, desde puentes a carreteras, pa- sando por ciudades y dis- positivos inteligentes de menor entidad.
potencial reside en la forma en que nosotros, los huma- nos, podríamos cooperar con ellas para formar nue- vos sistemas híbridos que sacaran lo mejor de cada uno. Además, un mayor co- nocimiento y una mejor comprensión de la mente y el cerebro están ayudando a romper las viejas fronte- ras entre lo psicológico y lo físico, conforme aprende- mos no sólo lo importante que es el cuerpo para la mente, sino también cómo el cerebro ayuda a predecir y construir el mundo de la experiencia humana. Ahora atisbamos los próximos pasos en la evolución cultu- ral y cognitiva humana y continuamos la tendencia que comenzó con la lle- gada del lenguaje humano y la (mucho más tardía) in- vención de la escritura y del almacenamiento ex- terno y la transmisión de ideas. Estos nuevos pasos apuntan a una era de flui- dez y exigen respuestas a una serie de preguntas y temas que hay que tratar en conversaciones como ésta. Las dos preguntas más importantes son: ¿cómo deberíamos gestio- nar este espacio abruma- doramente grande de posibilidades humanas? Y, ¿qué precio estamos dis- puestos a pagar por el ca- mino? La primera es una cuestión de práctica; la se- gunda, de ética. En térmi- nos prácticos, en un mundo con tantas posibles mane- ras de ser, tantas mejoras y aumentos, y tantas prácti- cas sociales, no será fácil decidir cuál es la nuestra. Aquí, la realidad virtual in- mersiva podría jugar un papel importante, al permi-
tir la exploración barata y fácil, aunque algo superfi- cial, de múltiples formas de ser. Por ejemplo, BeAnot- herLab utiliza realidad vir- tual inmersiva, con monitorización corporal, para experimentar (hasta cierto punto) cómo es ser más alto, más bajo o in- cluso de otro género. Desde el punto de vista ético, necesitamos pregun- tarnos qué desigualdades y costes acarrearán los au- mentos de algunos para todos los demás. Necesita- mos plantearnos si esta- mos dispuestos a tolerar cierta desigualdad como parte del proceso de lanza- miento a un mundo más fluido e interconectado. Somos conscientes de los problemas con la privaci- dad y el derecho de control (incluyendo tráfico y venta) de nuestros datos persona- les. Pero, al no saber exac- tamente dónde acaba nuestro ser protegido y dónde comienza el mundo a nuestro alrededor, el poder legislativo y el polí- tico lo pasa mal para deci- dir (por ejemplo) si la información almacenada en nuestros teléfonos se pa- rece lo suficiente a la infor- mación almacenada en nuestras cabezas como para darles la misma pro- tección. Hoy, la ley, la edu- cación y las políticas sociales van por detrás de muchas olas de cambio in- terrelacionadas. Lo que está en juego es qué somos nosotros, los huma- nos, y en qué nos converti- remos. © 2018 Andy Clark. Distribuido por The New York Times Licensing Group
  LAS DOS PREGUNTAS MÁS IMPORTANTES SON: ¿CÓMO DEBERÍAMOS GESTIONAR ESTE ESPA- CIO ABRUMADORA- MENTE GRANDE DE POSILBILIDADES HUMA- NAS? Y, ¿QUÉ PRECIO ESTAMOS DISPUESTOS A PAGAR POR EL CAM- BIO?
Aun así, todavía no son in- teligencias como la nues- tra. Pero parte de su mayor
 Edición 790 Del 27 de septiembre al 2 de octubre del 2018
El Directorio Comercial Latino de Montreal 11
  Reportaje


























































































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