Page 17 - Edicion 798 El Directorio
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que les disgustaban, entre otras cosas su ego. Para Neil, en cambio, todo se trataba de trabajo. Nunca iba a buscar hacerse amigo de nadie en la tripulación, pues entendía que su función en el Apolo 11 no era esa. Sabía que debía hacer que todo funcionara y
que hacen las mujeres de los astronautas, y es ingrato. No por nada el porcentaje de di- vorcios es bastante alto (Arms- trong se separó en 1990 y se volvió casar en 1992). Por lo demás, se trata de mujeres que siempre están esperando la muerte: la carrera espacial
forma de cambiar su vida, de ir en otra dirección.
–¿Efectivamente Buzz Aldrin, que siguió a Armstrong en pisar la Luna, quería ser el pri- mero?
favor y 50% en contra. Tanto de no poder alunizar, cómo de que fallara algo en algún tramo o de que simplemente murie- ran. Cualquier detalle puede desencadenar un problema mayor: desde un pequeño componente hasta un botón que no funcione. Uno de los episodios más espectaculares de la misión Apolo 11 se da cuando el computador de la nave deja de funcionar y co- mienza a dirigir el módulo lunar hacia una superficie llena de rocas, del tamaño de un auto, donde era imposible que al- guien alunizara. En ese mo- mento, Neil Armstrong decide tomar el control manual y hace volar el aparato en forma hori- zontal para encontrar una su- perficie plana, usando más combustible del necesario. Quizá otro piloto habría abor- tado la misión y se habría de- vuelto a la nave, pero Armstrong estaba decidido a concretarla. Confió en sus ca- pacidades y manejó el módulo hasta que alunizó. Cuando tocó la superficie, le quedaban 20 segundos de combustible.
que cada cual se desempe- ñara de la mejor forma. Sus habilidades sociales no esta- ban particularmente desarrolla- das, pero su sangre fría le sirvió para liderar el Apolo 11. Es probable, igualmente, que eso no le haya hecho ser el mejor de los padres o el más cariñoso de los maridos. Se dedicaba tanto a su trabajo, que a veces podía estar au- sente de la familia. Eso lo hace un personaje muy interesante: admiras su gran concentración y agilidad como ingeniero y as- tronauta, pero al mismo tiempo te das cuenta de que en algu- nas de sus relaciones sociales podría haber sido mejor.
–¿Qué importancia tuvo en su vida Janet, su esposa?
-Janet Armstrong fue crucial para que Neil pudiera dedi- carse a tiempo completo a lo que quería. Ella crió a los hijos, llevó las riendas de las casa, habló muchas veces con la prensa, etc. Es, en general, lo
está plagada de acci- dentes fatales y es de- masiada la presión de estar en una familia cuyo padre puede fa- llecer en cualquier mo- mento. Fue el caso de Edmund White (Jason Clarke en la cinta), quien era vecino de Neil Armstrong y murió en 1967, en las prue- bas de la primera mi- sión Apolo. O el de uno de los mejores amigos
-Hay suficiente evidencia para decir que Buzz Aldrin esperaba ser el primero. Buzz hizo bas- tante campaña, entre otros as- tronautas y en la NASA, para que lo eligieran. Entre otras ra- zones dadas por Buzz, está la personalidad de Neil, según él demasiado retraído para arti- cular en palabras cómo sería la experiencia de ser el pri- mero en la Luna. Las diferen- tes maneras de hablar de Neil y Buzz se notan claramente en las conferencias de prensa de la época: eran totalmente dife- rentes. Michael Collins decía que la relación entre Armstrong y Aldrin era la de dos “amables extraños”. Es decir, dos perso- nas que se llevaban bien en el trabajo, pero nada más. Me tocó revisar toda la correspon- dencia de Neil Armstrong y no encontré ni una sola carta de Buzz Aldrin después de su mi- sión lunar. Seguramente habla- ron por teléfono varias
Edición 798 Del del 21 al 27 de noviembre del 2018
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de Neil, Elliott See (Patrick Fugit), que falleció en un acci- dente de avión que era parte de su entrenamiento en el pro- grama Gemini.
–La película parte con la muerte de Karen, la hija de Armstrong. ¿De qué manera lo afectó?
-Karen murió en 1962, a los dos años, de un tumor cere- bral. Fue la época en que Neil aún era piloto de pruebas en California. Cuando le pregunté directamente acerca de la ma- nera en que esto lo había afec- tado, me respondió: “Es imposible que algo así no afecte la vida de un ser hu- mano”. Es una clásica res- puesta de Neil Armstrong. Una manera oblicua de decir, “sí, me afectó mucho, pero no puedo decirte cómo”. Por lo que he investigado, llegué a la conclusión que la decisión de hacerse astronauta, en la pri- mavera de 1962, tuvo que ver con aquella pérdida. Fue una
veces, pero resulta ex- traño no hallar comunica- ción escrita entre dos personas que compartie- ron una tarea así. No hubo antagonismo entre ellos y, de hecho, Aldrin admiraba las cualidades profesionales de Arms- trong, pero la química de la amistad no existía.
–¿Hasta qué punto fue- ron conscientes de que la misión podía fracasar?
-Armstrong siempre tuvo claro que había 50% de
posibilidades a
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