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1342 ¡En Estados Unidos todavía no hemos llegado a este punto! Pero hemos oído
1343 todo lo que queremos saber acerca de cómo funciona el sistema. Quizás somos
1344 lo suficientemente afortunados como para no exigir un conocimiento de
1345 primera mano de una realidad tan terrible. Sin duda, preferimos seguir con
1346 nuestra LIBERTAD DE EXPRESIÓN, LIBERTAD DE ACTUAR y
1347 LIBERTAD DE PROPORCIONAR UN SERVICIO ÚTIL A CAMBIO DE
1348 RIQUEZAS.
1349 La práctica de algunos políticos de brindar a hombres y mujeres el privilegio
1350 de asaltar la tesorería pública a cambio de unos votos a veces conlleva su
1351 elección, pero del mismo modo que la noche sigue al día, al final llega la
1352 recompensa; cuando cada penique mal utilizado debe devolverse con un
1353 interés más alto. Si no se obliga a quienes se apropian de ese dinero a
1354 devolverlo, la carga cae sobre sus hijos y los hijos de sus hijos, “incluso hasta
1355 la tercera o la cuarta generación”. No hay forma de eludir la deuda. Las
1356 personas pueden, y a veces lo hacen, conformarse en grupos con el propósito
1357 de lograr un aumento de sueldo y menos horas de trabajo. Pero hay un punto
1358 más allá del cual no pueden pasar. Es el punto en el que entra en juego la LEY
1359 DE LA ECONOMÍA y el alguacil detiene tanto al empresario como al
1360 trabajador.
1361 Durante seis años desde 1929 hasta 1935, casi todos los estadounidenses, ricos
1362 o pobres, pudieron ver como el viejo mundo de la economía entregaba al
1363 alguacil todos los negocios, industrias y bancos. ¡No era algo digno de
1364 observar! No aumentó nuestro respeto por la psicología de las multitudes que,
1365 contra toda lógica, intentaban RECIBIR sin DAR nada a cambio.
1366 Los que vivimos aquellos seis años desalentadores, cuando el MIEDO
1367 ESTABA AL MANDO Y LA FE POR LOS SUELOS, no podemos olvidar
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