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291 Cuando Andrew Carnegie me sugirió que dedicara veinte años a la
292 elaboración de una filosofía de logros personales, mi primer pensamiento
293 impulsivo fue el miedo a lo que las personas pudieran decir. La sugerencia me
294 planteaba un objetivo que excedía las proporciones de cualquier objetivo que
295 jamás hubiera concebido. Tan fugaz como un rayo, mi mente empezó a crear
296 excusas, todas ellas provenientes del inherente TEMOR A LAS CRÍTICAS.
297 Algo en mi interior decía: “No puedes hacerlo. La tarea es demasiado
298 importante y requiere demasiado tiempo. ¿Qué van a pensar tus familiares de
299 ti? ¿Cómo te ganarás la vida? Nunca nadie ha organizado una filosofía del
300 éxito, ¿qué derecho tienes a creer que tú puedes hacerlo? ¿Quién eres tú, de
301 todos modos, para apuntar tan alto? Recuerda tu humilde nacimiento. ¿Qué
302 sabes sobre filosofía? La gente creerá que estás loco (y así fue). ¿Por qué
303 ninguna otra persona ha hecho esto antes?”
304 Estas y muchas otras preguntas cruzaban mi mente y exigían mi atención.
305 Parecía como si, de pronto, todo el mundo hubiera puesto su atención sobre mí
306 con el propósito de ridiculizarme para que renunciara a los deseos de llevar a
307 cabo la sugerencia del señor Carnegie.
308 Tuve una gran oportunidad, en aquel momento y en aquel lugar, de exterminar
309 toda ambición antes de que ésta me controlara a mí. Más tarde, después de
310 haber analizado a miles de personas, DESCUBRÍ QUE LA MAYORÍA DE
311 LAS IDEAS NACEN MUERTAS Y NECESITAN UNA INYECCIÓN DE
312 ALIENTO DE VIDA POR MEDIO DE PLANES DEFINIDOS DE ACCIÓN
313 INMEDIATA. El mejor momento para nutrir una idea es en el instante de su
314 nacimiento. Cada minuto que vive le proporciona una mayor oportunidad de
315 supervivencia. El MIEDO A LAS CRÍTICAS está en el fondo de la
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