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251 que uno se gana para reavivar el estado de ánimo. Por
252 supuesto, esto no hace referencia a los vagos o a los
253 perezosos, sino a las personas con ambiciones normales y con
254 respeto por sí mismas.”
255 LAS MUJERES OCULTAN LA DESESPERACIÓN
256 “Las mujeres que se hallan en el mismo apuro son algo
257 distintas. En cierta forma no considerarnos que las mujeres
258 puedan ser indigentes. Rara vez las vemos pedir en la calle y,
259 cuando las vemos, no las identificamos por los mismos signos
260 que caracterizan a los hombres mendigos. Por supuesto, no
261 me refiero a las andrajosas que van arrastrando los pies por
262 las calles de la ciudad y que son homólogas a los vagabundos
263 confirmados. Me refiero a las mujeres razonablemente
264 jóvenes, decentes, e inteligentes. Debe de haber muchas de
265 ellas, pero su desesperación no es palpable. Tal vez se
266 suiciden”.
267 “Cuando un hombre está sin dinero y sin empleo tiene tiempo
268 de sobra para rumiar. Tal vez viaje kilómetros por un empleo
269 y descubra que el trabajo ya está cubierto o que es uno de esos
270 trabajos que no tienen un salario base, sino únicamente una
271 comisión por las ventas de algún artículo inútil que nadie
272 compraría más que por lástima. Tras rechazarlo se encuentra
273 de nuevo en la calle sin ningún lugar concreto a donde ir, de
274 modo que camina y camina. Observa los artículos de lujo que
275 hay detrás de los escaparates y que no son para él, se siente
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