Page 140 - En El Patio
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Arlette Pichardo Muñiz
A la conceptualización del cuidado. Los estudios en torno al cuidado (del inglés care),
esfera donde se realizan las actividades de reproducción social, han permitido profudizar y
visibilizar la importancia de temas o aristas de discusión, reflexión y decisión usualmente
relegados del debate, en particular la interacción e intersección entre la esfera de la vida
doméstica o privada (en el interior de la unidad familiar) y la denominada esfera de la vida
pública. Las formas de operación del Care Diamond (diamante del cuidado) y su redefinición
histórica-cultural en el otorgamiento de funciones a la familia y a las organizaciones comunt-
arias, al mercado y al Estado.
No obstante, el uso de la categoría cuidado no está exenta de ambigüedades. Por lo
general, se utiliza para hacer referencia al conjunto de factores que otorgan a las personas
elementos físicos (alimentación, educación, salud y habitalibilidad) y simbólicos (vínculos
afectivos) imprescindibles para sobrevivir en sociedad (UNIFEM, 2000).
Los usos del concepto cuidado deberían evolucionar como plantea Boff hacia una ética de
lo humano y compasión de la tierra (2002/1999: 13-14), soporte leal de la creatividad, de la
libertad y de la inteligencia, donde se encuentra el ethos fundamental de lo humano (conjunto
de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una
persona o una comunidad, http://dle.rae.es/?id=H3xAc5s. Fecha de consulta: 29/05/2016); los
principios, los valores y las actitudes que convierten la vida en un buen vivir y las acciones en
un recto actuar. La verdadera riqueza de las naciones, para decirlo en palabras de Eisler
(2015/2007).
Cuidar es más que un acto; es una actitud. Por lo tanto, abarca más que un momento de atención, de cello y desvelo. Representa una actitud de ocupación y preocupación, de responsabilización y de compro- mise afectivo con la otra persona.
Leonardo Boff
A los usos del lenguaje. Los esfuerzos para la introducción de un lenguaje inclusivo o No
sexista, cuyos usos gramaticales no invisibilicen a la mujer en el habla y en la escritura,
empiezan a permear el estudio de la Política Social y otras políticas, aunque en su mayoría
permanecen restringidos a ciertos círculos. Es común en los programas de estudios acudir a la
norma cuasi generalizada de sustituir la palabra sexo por género y colocar los y las (haciendo
pesada la lectura de los textos y produciendo incluso el efecto contrario al buscado), relegando
la conceptualización de aspectos culturales que, en última instancia, son los que determinan la
dicotomía sexo-género, en tanto designio biológico la primera y convicción social la segunda.
A la modificación de estereotipos. Mejoras sustanciales empiezan a observarse en
relación con el pasado histórico. Empero, aún es mucho de lo que falta por hacer para que la
sociedad deje de entender a la sumisión, la docilidad, la obediencia, la seducción y, para-
dójicamente, el “dejarse conquistar” como cualidades “femeninas”; y ser fuerte, valiente, domi-
nante y conquistador como cualidades “masculinas”.
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