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do pasaba momentos de solaz y de alegría que lo alejaban de sus pesadas responsabilidades. Y cuando se divertía, aborrecía que en esos gratos instantes de sana disipación alguien le hable o le pre- gunte acerca de negocios. “Todo en su momento”, solía repetir, con una lógica indiscutible ante quienes en forma inoportuna - aprovechando su presencia y la ocasión- querían tocar temas aje- nos al momento de merecido entretenimiento.
Osvaldo disfrutaba mucho del tenis. Fue impulsor de ese lin- do deporte y como presidente del Club de Tenis de Santa Cruz co- laboró en su engrandecimiento, organizando torneos de alcance nacional e internacional y mejorando la infraestructura del club.
Lo importante a destacar, en líneas generales, es que Osvaldo sabía aprovechar bien hasta los momentos de ocio y los gozaba cien por ciento. Su espíritu jovial salía a relucir en los gratos ins- tantes en los que podía olvidar sus responsabilidades y divertirse con sus buenos amigos. Para quienes lo conocían poco, les resulta- ba difícil creer que el hombre alegre que estaba al frente pasando

