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En la época que vivimos, la capacidad de mantenerse competitivos en los mercados cada vez más integrados, depende por supuesto de la calidad de nuestras carreteras, de nuestros sistemas de comuni- cación, infraestructura de almacenamiento, así como de los servi- cios bancarios y de otro tipo.
Pero más importante que todo ello, es la formación del capital hu- mano. Las experiencias internacionales muestran sin excepción al- guna que el progreso de los países está estrechamente relacionado con la calidad de sus sistemas de educación y salud pública. En es- te marco, merece particular importancia la formación de la mujer, que cada vez se incorpora más a la actividad económica, empresa- rial y política y con ello se producen desajustes en el concepto tra- dicional de familia y hogar.
También considero que es preciso cambiar la naturaleza paternalis- ta del trato otorgado por siglos a los campesinos e indígenas, pues bajo la tutela secante del Estado se ha impedido hasta ahora que ellos se transformen en verdaderos productores de riqueza para sí

