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No fue fácil llegar a la cima. Al principio había que movili- zarse en avioneta para acceder a las nuevas tierras, ya que eran de difícil acceso e incomunicadas en ese entonces. No faltó audacia para invertir dinero en esos parajes, procurando un sueño que tal vez no podía concretarse. Pero bien se dice que donde hay volun- tad siempre hay una vía que con certeza llevará al éxito si persiste la constancia. Y Osvaldo tenía ambas.
Al principio su primo Hugo Franco Monasterio lo transporta- ba a las nuevas tierras, pero siendo Osvaldo como era, pronto aprendió a volar, sacó su registro de piloto civil y adquirió dos pe- queños aviones en los que personalmente se trasladaba a sus en- tonces alejadas propiedades. Fiel al postulado que reza “el ojo del amo engorda el ganado”, Osvaldo se preocupó personalmente de sus estancias ganaderas en forma incansable y dedicada al extremo pues el ganado lo fascinaba Esa labor ahora la realizan sus hijos, especialmente Osvaldo (“Offi”) Monasterio Nieme, quien heredó la pasión ganadera de su padre.

