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res profesionales del ramo, a los que el propio Osvaldo escogía en función de sus competencias y talentos, sin ninguna clase de favo- ritismos.
Como se puede percibir con facilidad, el legado de Osvaldo en materia legislativa es impresionante. Él aplicó en el Parlamento la misma energía que lo impulsó desde joven; eso fue muy benefi- cioso para el gobierno de ese entonces y para el propio país en ge- neral, que pudo contar con un hombre del calibre y de la experien- cia de Osvaldo Monasterio en el Congreso Nacional.
Según palabras de la ya citada señora Herrera, Osvaldo era seguro de sí mismo y muy respetuoso. Leal con sus dependientes, exigente en la calidad del trabajo, contagioso en su hábito de am- pliar conocimientos y siempre sincero en sus acciones. Cuando co- rrespondía felicitaba y cuando no, criticaba o sancionaba. Henry Bruckner, que lo acompañó durante nueve meses como asesor principal de la Comisión parlamentaria, dijo que lo que más le im-


































































































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