Page 5 - Edicion 766 El Directorio
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bajo protección rusa, los ata- ques occidentales tendrán que concentrarse en las instalacio- nes militares sirias que son ina- movibles: pistas de aterrizaje, edificios y el equipamiento im- portante que no haya sido tras- ladado.
Los ataques de Occidente pro- bablemente buscarán destruir el sistema de mando y control de las fuerzas militares sirias, con el uso de bombas antibunker y misiles de penetración profunda. Es posible que intenten des- mantelar la infraestructura mili- tar que Siria ha logrado reconstruir desde 2015.
De forma más ambiciosa, pero también más arriesgada, Esta- dos Unidos podría declarar una política de largo plazo de volver a atacar estos objetivos para mantenerlos fuera de operación y así mantener los aviones de guerra sirios encerrados dentro de las bases rusas, intentando así implantar algo parecido a una zona de exclusión aérea, al menos durante un tiempo.
El año pasado, cuando Estados Unidos bombardeó la base aérea de Al Shayrat, en retalia- ción por el uso de armas quími- cas en Khan Sheikhoun, en la provincia de Idlib, la Fuerza Aérea Siria se aseguró de ser vista operando nuevamente apenas un día después.
Esta vez, Washington estará de-
cidido a que esto no vuelva a ocurrir, razón por la cual pode- mos esperar que haya una cam- paña aérea más duradera con repetidos ataques sobre lugares clave.
Estrategia política
Pero ¿qué objetivo estratégico puede lograrse con esto?
Ciertamente, esto no significará ninguna diferencia inmediata para la población civil de Siria, que tanto ha sufrido a manos de su propio gobierno y de los nu- merosos grupos rebeldes, gue- rrilleros y terroristas, algunos de los cuales los han intimidado tanto como los han represen- tado.
Por otra parte, es improbable que el presidente Al Asad vaya a ceder en su decisión de consoli- dar su poder sobre el país.
Entonces, ¿para qué correr todos los riesgos de una esca- lada con Rusia así como de las posibles consecuencias impre- vistas que normalmente se deri- van de estas acciones?
Por sí solo, el uso de la fuerza militar no tiene sentido. Tiene que ser parte de una estrategia política y, en este caso, la estra- tegia versa sobre asuntos más grandes que la propia Siria y solo ofrece un atisbo de espe- ranza para la población de ese país en el largo plazo.
El primer objetivo es hacer retroce- der la creciente “normalización” del uso de armas químicas en gue- rras de cualquier tipo.
El tabú en contra de estas ha sido sorprendente- mente fuerte desde finales de la I Guerra Mundial y la Convención contra las Armas Químicas de 1993, de la cual Siria es signataria.
En 2013, el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dijo que él mantendría ese tabú como una “línea roja” pero, luego, no lo hizo. Y, pese a las firmes negativas del go- bierno de Al Asad, hay eviden- cias abundantes de que las fuerzas sirias -con la conniven- cia de Rusia- han estado usando armas químicas en con- tra de sus propios ciudadanos de forma regular desde enton- ces.
Muchos políticos occidentales sienten que -con todas las áreas grises que hay en esta situación desde el punto de vista moral- ellos no pueden obviar este asunto nuevamente. Se ha con- vertido en un caso que pone a prueba en la escena internacio- nal el estado de derecho, el cual se encuentra bajo fuertes pre- siones en muchos frentes.
Más allá, algunos señalan que una acción militar efectiva repre- sentaría que las potencias occi- dentales han logrado volver a entrar en el juego político en Medio Oriente en un momento en el que la región está colap- sando.
La campaña contra el autodeno- minado Estado Islámico (EI) siempre fue un asunto secunda- rio desde el punto de vista geo- político y la influencia occidental sobre lo que ocurre en la región, desde Líbano hasta Yemen, ha venido en franco declive.
Mundo
Evidentemente para los líderes occidentales, resulta tentador y comprensible, querer dejar las cosas como están. Pero mien- tras ellos se concentraban en combatir a EI, el futuro de la re- gión estaba siendo decidido por Irán, Rusia y en parte también por Turquía.
Lo que deben estimar es si los intereses de largo plazo de Oc- cidente estarán mejor protegi- dos por su implicación más que por la indiferencia ante una constelación de potencias que se está saliendo de control.
Para la población siria la espe- ranza reside en la posibilidad de que una campaña militar efec- tiva logre empujar al presidente Asad de vuelta a la mesa de ne- gociaciones para que la guerra pueda terminar con un resultado más humano que una victoria despiadada.
Usar la fuerza militar nunca es fácil pero puede solo puede ser eficaz si forma parte de una es- trategia política coherente y re- alista.
*Michael Clarke es investigador principal en el Royal United Ser- vices Institute for Defence and Security Studies (RUSI) y direc- tor asociado del Instituto de Es- tudios Estratégicos.
Edición 766 Del 12 al 18 de abril del 2018
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