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Edición 804 Del 03 al 09 de enero del 2019
El Directorio Comercial Latino de Montreal 17
Mundo
alargados de especies antiguas como el Homo erectus. A pesar de ser más robustos y musculo- sos que nosotros, sus rasgos los vinculan con nuestra especie más que con cualquier otro miembro del género Homo. La mandíbula inferior también era similar a la del sapiens moderno, aunque mucho más grande, pero existe una diferencia llama- tiva en la forma del cráneo, mucho más alargada.Nuestros cráneos tienen una forma redon- deada, pero los suyos eran más bajos en la parte superior y más largos en la posterior. «La cara del espécimen que encontramos es la de alguien que se podría encontrar en el metro», asegura Hublin. Pero de perfil, no tanto; aunque sus cerebros ya eran tan grandes como los nuestros, de- bían tener una forma diferente. Eso implica que su estructura cerebral -y tal vez sus capacida- des- estarían en proceso de de- sarrollarse durante los siguientes milenios de evolución.El pro- blema es que no todos los ex- pertos coinciden en catalogar como sapiens a los antiguos ha- bitantes de Jebel Irhoud. «Per- sonalmente creo que no pueden clasificarse dentro de nuestro mismo taxón porque le faltan rasgos de Homo sapiens como la barbilla, la frente vertical o el cráneo alto y abombado», de- clara Martinón Torres. Unas dudas que la directora del CE- NIEH comparte con colegas como Juan Luis Arsuaga o José María Bermúdez de Castro, aun- que matiza que «podrían repre- sentar a los antecesores directos de nuestra especie, lo que es también muy interesante».La combinación de rasgos moder- nos y vasos cerebrales primiti- vos hallados en Marruecos son uno de los elementos que han llevado a algunos autores a su- gerir que el físico y el comporta- miento asociados con los humanos modernos no evolucio- naron en un único árbol genealó- gico. En cambio, las
características que asociamos con el ser humano probable- mente aparecieron más bien como como un mosaico. Este verano, 22 antropólogos, ar- queólogos, genetistas y climató- logos se reunieron en Londres para revisar las pruebas a favor del multirregionalismo africano, y plasmaron sus conclusiones en un texto publicado en Trends in Ecology & Evolution.
En los últimos años esas carac- terísticas -la forma del cráneo, el mentón, la frente más delicada y la cara pequeña- han ido apare- ciendo en diferentes lugares, en periodos distintos. Los partida- rios de la idea de un sólo linaje sapiens tienden a desechar esos fósiles como ramas laterales en el árbol de los homínidos. «A día de hoy no podemos afirmar si al- gunos de ellos se mezclaron con otros homínidos de gran cerebro que pueden haber vivido en África al mismo tiempo que el Homo sapiens, pero sigue siendo una posibilidad», declara Eleanor Scerri, investigadora del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana y de la Universidad de Oxford, y autora principal del artículo. «Es posible que en aquel momento compartiéramos África con al menos otras dos especies: el Homo naledi y Homo heidelber- gensis».Además, la cronología de Jebel Irhoud coincidiría con las fechas recientemente atribui- das al naledi, una especie de ho- mínidos extinta descubierta en 2013 en Sudáfrica. Eso prueba que, al menos, dos especies de homínidos dramáticamente dife- rentes habitaban distintos puntos de África al mismo tiempo. El problema es que a día de hoy los científicos disponen de muy pocos fósiles para poder demos- trar si había o no otros miembros del taxón sapiens alrededor de ese periodo. En otras partes del continente se han hallado fósiles que combinan rasgos modernos y antiguos en diferentes grados:
el cráneo de Florisbad, hallado en Sudáfrica de hace 260.000 años; los restos de Omo Kibish, de 195.000 años o el llamado cráneo de Herto, 160.000, ambos encontrados en Etiopía. Esta nueva visión hace que fósi- les hallados en otras partes de África sean observados de ma- nera distinta, ya que ahora pue- den ser considerados como una pieza más de ese mosaico que acabó por dar forma a los sa- piens. «La idea de que nuestros orígenes se encuentran en una sola población ha hecho que el registro fósil se haya interpre- tado de una manera bastante selectiva; hay fósiles que han sido excluidos de ciertos estu- dios porque no se reconoció la variabilidad de los primeros miembros de nuestra especie», señala Scerri. «Pero al incorpo- rar todo el continente africano en esa Prehistoria temprana, mu- chos fósiles vuelven a estar sobre mesa y algunos encajan mejor con otras líneas de investi- gación».Los arqueólogos recu- peraron en Marruecos herramientas de piedra especia- lizadas y sofisticadas, como pun- zones y puntas de lanza. La existencia de estos objetos en la llamada Edad Media de Piedra reflejaría una evolución paralela -y más temprana de lo que se creía- del cuerpo y la mente hu- manos. Y sugerirían que esta transición ocurrió a escala conti- nental, ya que tales herramien- tas se han encontrado además de en Marruecos, en la citada Florisbad y Olorgesaillie (Kenia), si bien con algunas diferencias regionales. «La evolución de la forma del cerebro humano mo- derno parece ser paralela a la aparición gradual de la moderni- dad conductual vista desde el re- gistro arqueológico», asegura Hublin.Durante cientos de miles de años los homínidos hicieron el mismo tipo de grandes hachas de piedra. Pero ese estanca- miento tecnológico terminó hace unos 300.000 años, en el mismo
punto en el que aparecen esos primeros fósiles de Homo sa- piens. «Las herramientas de pie- dra y otros artefactos que se han encontrado están muy agrupa- dos tanto el espacio y a través del tiempo", explica Scerri, "pero también hay una tendencia con- tinental hacia una cultura mate- rial más sofisticada, una 'modernización' de la cultura ma- terial que claramente no se ori- gina en una región ni ocurre en un periodo de tiempo».Bajo el prisma del multirregionalismo la Historia de la humanidad viene marcada por una combinación entre evolución y grandes migra- ciones. «Las barreras naturales crearon oportunidades de migra- ción y contacto para grupos que antes podían haber estado sepa- rados, y la fluctuación posterior significaría que las poblaciones que se mezclaban durante bre- ves periodos antes de volver a quedar aisladas", explica Scerri. Durante los momentos de aisla- miento los grupos vivieron un proceso de adaptación local y de desarrollo de una cultura mate- rial y una composición biológica propias, que pondrían en común con otros cuando el clima tem- plaba. Los milenios de separa- ción dieron lugar a una asombrosa diversidad de for- mas, cuya riqueza jugó en bene- ficio de toda la especie.«Posiblemente el de- bate se ha polarizado dema- siado entre el Out of Africa extremo y el multirregionalismo extremo, y no todo es ni tan blanco ni tan negro», opina Mar- tinón Torres. Esta última década dos teorías que estaban en polos opuestos están acercando posiciones. «Sigue preponde- rando la idea del origen africano de nuestra especie, pero se co- mienza a aceptar un patrón más reticulado y menos lineal, más parecido al que proponía el mul- tirregionalismo. El Homo sapiens es en realidad una mezcla, un crisol de poblaciones diversas».