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El milagrero


             Hoy  ha  dejado  de  llover;  hace  seis  días  la
      llegada  de  esta  esperanzada  humedad  fue  una

      bendición para los sembrados. Hoy, con tanta agua
      caída sin interrupción, se está convirtiendo en una
      emergencia  rural.  Todo  es  un  lodazal  resbaladizo

      que  dificulta  todas  las  tareas,  lo  que  empeora  la
      miseria. El sol se asomó brillante.
             Aunque es una mañana fresca, todos salieron

      de sus casas con la alegría pintada en sus rostros.
      Daniel y yo llegamos a la quinta “Los Arroyos” de
      don  Ponce,  y  después  de  la  visita,  al  salir,  nos

      apoyamos en el portón y recordamos a Esteban.
             Desde  aquí  se  puede  divisar  los  terrenos
      bajos  que  se  extienden  por  varios  kilómetros  a  la

      derecha de las vías del ferrocarril. Avanzando por
      un  camino  vecinal,  se  cruza  el  puente  del
      desaguadero del frigorífico, (cerrado hace años)
             para encontrarse a los quinientos metros con

      el  predio  de  la  empresa  recolectora  de  residuos
      domiciliarios, que tira y cada dos días y quema los
      desechos  recogidos  en  la  ciudad.  El  lugar  es

      inmenso,  no  menos  de  cien  camiones  son
      descargados  durante  las  24  horas.  Allí,  hombres,
      mujeres y niños, revuelven la basura con un trozo

      de hierro en forma de gancho, buscando comida y

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