Page 8 - Edición Mes de Junio
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UNA LEYENDA IMAGINADA DEDICADA AL AMOR VERDADERO
“EL AMOR PLÁTÓNICO”
Cuenta la leyenda que en algún lugar, había una laguna de única
hermosura, de agua con tonos claro oscuros y verde azulados, asentada en
el cráter de algún volcán, llegaban de vez en cuando un hombre y una
mujer que estaban unidos por un algo, un encanto que ninguno de los dos
sabía ni entendía, pero lo sentían y lo presentían, ese “no sé qué es” se
manifestaba en el entrecruzar de sus miradas, en el roce muy sutil de sus
manos cuando accidentalmente se rozaban, en sus palabras a veces
completas o a veces entrecortadas, en sus sonrisas espontáneas e
iluminadas que expresaban la magia de ser el uno del otro y el uno para el
otro, en sí, reflejaban, el verdadero encuentro de dos, ese encuentro que
ocurre una sola una vez cuando la divinidad, el universo, el cuerpo, la
mente, el alma y las energías confluyen para el amor eterno.
Pero, como nada es completo en este mundo porque siempre falta algo, algo
pasa, según cuenta la leyenda, pese a ser 2 almas gemelas, existían
diferencias insuperables, no para él y ella, pero sí para los
convencionalismos de una sociedad o “suciedad” tradicional conservadora
que jamás su unión aceptaría.
Ese hombre y esa mujer, para quienes las diferencias no existían, en unos
de sus encuentros fugaces- fortuitos pensaron en la laguna, ese sentimiento
que los unía debía quedarse así, como la magia, como el encanto que nunca
desaparecería, entonces, renunciaron a consolidar su amor e hicieron una
promesa: Ocurra lo que ocurra, hasta el fin de los tiempos, en la laguna
estarían y a los amantes de verdadero amor protegerían.
Así, el tiempo pasó, en uno de sus encuentros el volcán erupcionó, amantes
y laguna desapareció. Dice la leyenda que desde aquel entonces, en ese
algún lugar, siempre él y ella están, solo son vistos en noches creciente y
menguante de las fases de la luna, porque su encanto de la nada nació,
nunca se materializó y un día se esfumó para renacer en la eternidad.
Dedicado al amor platónico de “La luna que acuna”