Page 214 - El Islam cristianizado : estudio del "sufismo" a través de las obras de Abenarabi de Murcia
P. 214
Carismas exteriores e interiores 203
tiguada por los sentidos externos del espectador. Tales son, por ejem-
plo, los carismas o prodigios de andar sobre el agua, volar por los aires,
trasmutar la materia, desarrollar fuerzas físicas prodigiosas, etc. Son
interiores o espirituales los que se dan en el alma del místico o de otra
persona y cuya realidad, por ende, no puede ser conocida y comproba-
da más que en el caso de que el sujeto los manifieste o publique. A
este género pertenecen las revelaciones de los misterios del mundo físi-
co, psicológico y divino, que por favor de Dios reciben algunos mís-
ticos en el éxtasis o fuera de él. A este segundo género de carismas,
de naturaleza espiritual, reduce Abenarabi también ciertas gracias ex-
traordinarias, de las que nuestros teólogos llaman gratum facientes,
es decir, aquellos estados místicos, más sublimes y anormales, que se
dan en las almas que han llegado a la cumbre de la perfección. Así,
por ejemplo, el estado de santa conformidad con la voluntad divina
en todos los casos y a todo evento, la íntima convicción de la propia
vileza y miseria, dentro y fuera de la oración de soledad: la arraigada
confianza de la salvación eterna, etc. Esta categoría de carismas espi-
rituales, por su estrecho nexo con la perfección moral, es decir, con la
santidad, son para Abenarabi patrimonio exclusivo de los grandes
místicos, porque, como veremos, el verdadero carisma, el signo autén-
tico e infalible de que Dios honra de veras al alma, es la santidad. Los
otros carismas, los exteriores o materiales, son premios o favores tem-
porales de la vida de acá abajo, que no sólo no garantizan siempre los
de la vida eterna, sino que a veces pueden amenguarlos y hasta ser
ocasión y peligro de vanidad espiritual y, por ende, motivo de conde-
nación. De aquí que los carismas de este género, los prodigios ex-
ternos, aparentes y sensibles, sean comunes a todos los místicos, pero
singularmente propios de los que ocupan los grados inferiores en la
perfección espiritual. Abenarabi estima, en efecto, que ya en el primer
grado de la morada primera, la del confiado abandono en las manos
de la Providencia (tawácol), puede el místico recibir de Dios alguno
de los cuatro carismas físicos, arriba mencionados como ejemplos (1).
Esta clasificación general se completa luego con otra, más porme-
(1) Amr, 114-116; Anwar, 14.