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235 fuera el director de una universidad. Su deseo más profundo era convertirse en
236 el director de una institución educativa en la que se enseñara a los jóvenes a
237 “aprender con la práctica”.
238 Se decidió a organizar una nueva universidad en la cual poder llevar a cabo
239 sus ideas y donde no se viera desfavorecido por métodos ortodoxos de
240 educación.
241 ¡Necesitaba un millón de dólares para poner el proyecto en marcha! ¿Dónde
242 tenía que tender sus manos para obtener una cantidad tan grande de dinero?
243 Ésa era la pregunta que absorbía la mayor parte de los ambiciosos
244 pensamientos del joven predicador.
245 Sin embargo, no parecía hacer progreso alguno. Cada noche se acostaba con
246 ese pensamiento y se levantaba con él por la mañana. Se lo llevaba allá a
247 donde fuera. Le dio vueltas en la cabeza una y otra vez hasta que se convirtió
248 en una obsesión que le consumía todo el tiempo. Un millón de dólares es
249 mucho dinero. Admitió esta realidad, pero también admitió el hecho de que la
250 única limitación que hay es aquella que uno se crea en la propia mente.
251 Como era un filósofo además de un predicador, el doctor Gunsaulus
252 reconoció, igual que todas las personas que han triunfado en la vida, que la
253 DETERMINACION DEL PROPOSITO es el punto de partida del que uno
254 debe empezar. También admitió que la determinación del propósito adquiere
255 energía, vida y fuerza cuando está respaldada por un DESEO ARDIENTE de
256 convertir este objetivo en su equivalente material.
257 Conocía todas estas grandes verdades y, sin embargo, no sabía dónde ni cómo
258 extender sus manos sobre un millón de dólares. El procedimiento natural
259 hubiera sido rendirse y abandonar, lamentándose: “En fin, mi idea es buena,
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