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411 Nació con grandes riquezas sin haberlas pedido. Le buscaron matrimonio de
412 forma persistente; políticos y dirigentes de toda Europa ponían ante sus pies a
413 viudas y princesas. Como era el primer hijo de sus padres, heredó la corona
414 que no buscó y tal vez tampoco deseó. Durante más de cuarenta años no fue
415 una persona libre, no pudo vivir su vida a su propia manera, tenía muy poca
416 intimidad y finalmente asumió los deberes que le habían impuesto cuando
417 ascendió al trono.
418 Algunos dirán: “Con todas estas bendiciones, el Rey Eduardo debería haber
419 hallado tranquilidad espiritual, satisfacción y alegría de vivir”. La realidad es
420 que, tras todos los privilegios de una corona, todo el dinero, la fama y el poder
421 que heredó el rey Eduardo VIII, había un vacío que sólo podía llenarse con
422 amor.
423 Su mayor DESEO era tener amor. Mucho tiempo antes de conocer a Wallis
424 Simpson, sin duda sentía esta gran emoción universal que tiraba de las cuerdas
425 de su corazón, llamaba a la puerta de su alma y pedía a gritos expresarse. Y
426 cuando conoció a un espíritu afín, que pedía el mismo sagrado privilegio de
427 expresarse, lo reconoció, y sin temor ni disculpa abrió su corazón y le ordenó
428 entrar. Ni siquiera todos los chismosos del mundo pudieron destruir la belleza
429 de este drama internacional, mediante el que dos personas hallaron amor y
430 tuvieron la valentía de enfrentarse abiertamente a las críticas y renunciar A
431 TODO LO DEMÁS para darle una expresión sagrada.
432 La DECISIÓN del Rey Eduardo VIII de abdicar la corona del imperio más
433 poderoso del mundo por el privilegio de seguir lo que le quedaba de vida con
434 la mujer de su vida, fue una decisión que requirió coraje. La decisión también
435 tuvo un precio, pero ¿quién tiene el derecho a decir si el precio era demasiado
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