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¡...ENTRE EL SOL Y EL  AGUA...!

          correspondientes  a  los  signos  zodiacales.  Después  de  esto,
          dimos  indicaciones  para  abrigarse  bien  y  descansar
          adecuadamente para la actividad del día siguiente.

          Esta jornada inició con una reunión en la casa, preparándonos
          para el ascenso al Páramo de Ocetá. Se nos dio el almuerzo en
          bolsitas  plásticas  y  se  asemejaban  a  pequeños  tamales.
          Después  de  algunas  indicaciones  acerca  del  manejo  de  la
          respiración  y  de  la  organización  de  los  grupos,  partimos.
          Primero,  llegamos  de  nuevo  a  la  población  de  Monguí,
          atravesamos la plaza en dirección a las escaleras, cientos de
          escalones, lo que nos hizo pensar en el esfuerzo que haríamos
          para llegar a nuestra meta. La labor que se nos asignó fue la de
          actuar como “rastrillo”. Esto consiste en quedarse en último
          lugar verificando que no se quede nadie, y recogiendo las cosas
          que pudieron haberse caído. En el ascenso encontramos un
          camino,  un  atajo  llamado  “el  Portal  de  la  Gloria”  que  nos
          acortó en quince minutos el recorrido. Después de unas horas
          de  caminata  fue  visible  “La  Caja  del  Rey”;  en  este  punto
          hicimos una pequeña pausa y se nos animó a subir más. Sólo
          unos pocos aceptamos el reto de llegar más arriba, hasta los
          nacimientos de agua. La vista en el punto al cual llegamos era
          hermosa, consistía de frailejones, bruma blanca a nivel del
          suelo,  y  piedras  enormes  en  las  cuales  era  posible  tomar
          asiento. El punto al que llegamos es llamado la entrada a la
          “Ciudad Perdida” sitio lleno de leyendas, aunque por entrar el
          crepúsculo no vimos mucho… fue un logro personal el haber
          llegado hasta allí. Iniciamos el descenso, fuimos apurados vía
          telefónica ya que el grupo nos estaba esperando en los buses.
          Al  llegar  ya  había  anochecido,  partimos  a  la  zona  de
          campamento de nuevo. Preparamos madera y la yesca para la
          fogata. Reunimos un grupo de muchachos, buscamos hojas
          secas y ramitas que nos ayudarían a mantener el fuego. Esta
          fogata se realizó en una zona abierta, lejos de árboles en zonas




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