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siempre tuvo para planear y concretar proyectos, también en esa ocasión planificó progresivamente su retiro. Y lo hizo de la manera más inteligente posible, transfiriendo progresivamente sus respon- sabilidades sobre los hombros de sus cuatro descendientes: Ernesto, Patricia, Osvaldo y Fernando. A todo esto, conviene recordar que desde tiempo atrás los nombrados vástagos ya ejercían funciones ejecutivas, previo paso por todas las etapas correspondientes, co- menzando con las más humildes hasta llegar al puesto encumbrado. Osvaldo lo decidió así, con sabiduría, a fin de que sus hijos se compenetren plenamente de las actividades del Grupo Monasterio, tal como se relató en el capítulo sobre consolidación empresarial. No había espacio en la constructiva mente del progenitor para que sus herederos sean “niños o niñas de papá”, como vulgarmente se dice en el medio. Osvaldo quiso y se propuso, que sus hijos conoz- can los procesos internos y que transiten a lo largo de diversas ta- reas para que así conozcan de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, el legado material que dejaba en sus manos. Felizmente - también se ha expresado anteriormente- los cuatro fueron educados

