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difíciles con prudencia. De esa manera, paso a paso, logró sus pro- pósitos y forjó un sólido patrimonio, al que además le ha dado un uso más que apropiado, ya que genera valiosas fuentes de empleo, contribuye al desarrollo de la región y del país, paga impuestos, etc. Obviamente, también aseguró el bienestar de su familia. Lo más interesante de todo es que el proceso sigue en plena vigencia hoy - ya en manos de sus hijos- y siempre con el mismo espíritu creador e ímpetu productivo.
Acertadamente se ha dicho que los triunfos definitivos de una persona no se miden sólo en función de sí misma y de sus intrínse- cos logros; se miden además por la manera en que siguen la pauta y se van formando sus descendientes, tanto de los de la segunda como los de la tercera generación. Y ahí es donde Osvaldo sale triunfante -de lejos- por todo lo reiterado acá en torno a la unidad familiar que tanto fomentó y que hoy permanece -más sólida que nunca- en la segunda, en la tercera generación y con seguridad así será con la cuarta, ya en camino de formación. Las lecciones de la

