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para el país que los acoge y en donde ellos desenvuelven sus acti- vidades.
Osvaldo Monasterio Añez puede darse por satisfecho en la eternidad. Su mayor fortuna no reside en las empresas que su genio creó o impulsó; su verdadera fortuna estará para siempre atesorada en la familia creada por amor junto con Lesma. Su descendencia - que ahora lo trasciende y sigue sus pasos- se encuentra firmemen- te unida, tal como Osvaldo les inculcó.
Con justificada y comprensible razón, en sus últimos años Osvaldo abandonó progresivamente varias de sus responsabilida- des en el Grupo para dedicarse más a estar con los suyos, particu- larmente con sus amados nietos, a los que aconsejaba con pacien- cia y amor. Así, el abuelo pudo reforzar exitosamente lo que los padres ya les estaban inculcando en sus propios hogares acerca de la importancia de la unidad familiar.
El éxito de Osvaldo fue fruto del esfuerzo, no fue fácil. Tuvo sí, la virtud de administrar las crisis económicas y las coyunturas

