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o desfavorece a otros, pero el esfuerzo creativo siempre será más importante. Un hombre con tenaz fuerza de voluntad puede más que el suertudo de turno y seguramente llegará mucho más lejos. Y un hombre de ese calibre sin duda ha sido Osvaldo Monasterio Añez, un ser con voluntad de hierro para vencer y siempre decidi- do, trabajador, constante, dedicado.
Osvaldo fue uno de los íconos empresariales e institucionales más importantes de la generación cruceña de los años 60 del siglo pasado, generación que creó las condiciones para el cambio cuali- tativo y el despegue del oriente del país. Otra virtud, compartida con su compañera de toda la vida, su esposa Lesma, fue el saber formar a sus hijos forjando en ellos, carácter, espíritu constructivo y sentimientos solidarios. Los hijos a su vez les han pasado a sus propios hijos esos valores y, por tanto, la tercera generación segui- rá el rumbo exitoso de la primera e inclusive la sobrepasará, algo que ciertamente es ideal y provechoso, no sólo para la familia sino

