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el voto popular. Osvaldo ha sido un ser de enorme actividad priva- da y a la vez hombre público cuando la Patria precisó sus servicios. Admirable en verdad. Y todo ello se dio en el marco de una vida familiar irreprochable. Una existencia de semejante calibre va mu- cho más allá del marco propio. Además, aunque físicamente haya fallecido, Osvaldo sigue y seguirá en este mundo. Están en primer lugar los hijos, la prolongación tangible de su unidad con Lesma a lo largo del tiempo. Están las innumerables obras en pro de su tie- rra cruceña y de Bolivia, como también permanece un grupo em- presarial sólido que ha trascendido el mero paso de los años y será siempre asiduo protagonista de la economía boliviana en las aptas manos de sus descendientes.
Sí, Osvaldo Monasterio Añez no ha muerto, seguirá presen- te mediante sus obras y logros. Este es su segundo legado más im- portante, el primero siempre fue la familia y él vive en ella. Hoy en día quienes llevan su sangre siguen caminando hacia adelante, con el mismo empuje que él tuvo y que supo transmitirles.

