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Según contó en su oportunidad el propio Osvaldo, de peque- ño escuchó una agria discusión por asuntos de dinero entre dos queridos tíos. Eso le impactó por lo negativo de tal situación. En su juventud -aún sin nada, pero con sueños y con las ambiciones propios de todo muchacho que quiere superarse- juró para sí mis- mo que si algún día llegaba a tener fortuna, haría todo lo posible por preservar a su familia unida y trabajando en conjunto, para que nunca existan discusiones en torno al patrimonio, ya sea éste pequeño o grande. A lo largo de su vigorosa trayectoria llena de triunfos y satisfacciones (aunque a veces acompañada de algunas amarguras como le ocurre a todos los hombres de empuje en esta vida) él siempre tuvo presente su juramento juvenil. Paulatinamen- te lo hizo realidad.
De la mano de su compañera de toda la vida -su noble esposa Lesma Nieme de Monasterio- Osvaldo educó a su hija y a sus tres hijos en forma prolija, inculcándoles fraternidad, solidaridad, dis- ciplina y permanente unión familiar. En su hogar, bajo la guía tuto-

