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vista de que las riquezas gasíferas y petroleras pertene- cían a los bolivianos. Como siempre sucede con las nacionaliza- ciones, una década después la Gulf ya había recibido 79 millones de dólares como compensación.
A la insurgencia guerrillera iniciada en Ñancahuazú por el “Che” Guevara que había conmocionado a la sociedad boliviana, se sumó la guerrilla de Teoponte, encabezada por Osvaldo Peredo Leigue, el “Chato”, que acabó cruentamente, por acciones contun- dentes del Ejército, que enfrentaba a jóvenes sin conocimiento de la selva ni del uso preciso de las armas, mal pertrechados, y en una región despoblada, donde no se podía obtener apoyo de nadie ni menos sumar poblaciones a su causa. Pero, además, el clima era de extrema tensión en La Paz por los extraños y espeluznantes asesi- natos que se produjeron por aquellos “días de plomo”, como el atentado que costó la vida a los esposos Alexander, el asesinato del periodista Jaime Otero Calderón, la emboscada y muerte al diri- gente campesino Jorge Solís, el ametrallamiento y muerte del ge-

