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Por otra parte, se produjo el escándalo financiero del “caso Matesa” que había obligado a Franco a hacer cambios sustantivos en su consejo de ministros, lo que dio paso a un influyente poder del conservador Opus Dei. El almirante Carrero Blanco, López Rodó, López Bravo y Manuel Fraga Iribarne, aparecían como las cabezas influyentes del Gobierno cuando el Caudillo iba apagán- dose por los achaques de la edad. Pero, además, justamente cuando el embajador Monasterio comenzaba su gestión en la embajada, cuya sede estaba ubicada en la aristocrática calle de San Quintín, nada menos que frente a la Plaza de Oriente y al Palacio Real, Franco designaba como su sucesor en la Jefatura del Estado, al hasta entonces Príncipe de Asturias, don Juan Carlos de Borbón, quien debió jurar lealtad a Franco y al Movimiento.
El embajador Monasterio llegó a Madrid con su esposa Les- ma y con sus hijos Ernesto, Patricia, Osvaldo y Fernando, los ma- yores entrando en la juventud y los menores niños todavía. El nue- vo embajador mantuvo la sede de la embajada en San Quintín 10, y

