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tomó como residencia un cómodo piso en la Avenida de La Caste- llana. El personal de la embajada en Madrid era relativamente frondoso porque por entonces se trabajaba arduamente en la insta- lación de la Televisión Boliviana con la empresa española INELEC, hecho que ya se había concretado en el gobierno Ba- rrientos-Siles y que se debía concluir, pero también había tratativas con la adquisición de maquinaria y material escolar, además de nuevos proyectos que iban surgiendo y que el nuevo jefe de misión estaba decidido a concretar movido por su inquieto espíritu empre- sarial. Por supuesto que aparte de las gestiones que estaban en marcha, el atractivo de Madrid como una ciudad encantadora era suficiente motivo para que el lugar fuera muy cotizado y disputado por políticos y diplomáticos como lo es hasta hoy.
Yo había sido designado Segundo Secretario en la embajada a fines de 1968, cuando el embajador era el coronel Oscar Quiroga Terán. A la muerte del presidente Barrientos, el coronel Quiroga Terán, que era un trabajador incansable, retornó a Bolivia a sus

