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mesa española, y las caminatas por el viejo y pintoresco Madrid de los Austrias. Igualmente, su esposa Lesma, joven y elegante, que fue amiga querida de las esposas de los funcionarios a quienes tra- taba con enorme amabilidad y cariño. Por supuesto que ambos tu- vieron un lucimiento personal grande entre sus colegas del exigen- te y experimentado Cuerpo Diplomático y con las altas autoridades del Gobierno.
El embajador Osvaldo Monasterio Añez presentó sus cartas credenciales al Generalísimo Franco, recién el 9 de julio de 1970. Esto porque transcurría pleno verano en Europa, cuando la admi- nistración pública se relaja, lo que significa, muchas veces, que los diplomáticos deban esperar más de lo necesario. Además de que, en España, como en otras naciones europeas, se reunía a por lo menos tres jefes de misión para que sucesivamente presentaran sus credenciales en una misma fecha.
Me impresionó la majestuosidad de la ceremonia, desde el momento en que, partiendo del Ministerio de Relaciones Ex-

