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nacional que se recibía con una semana o diez días de atraso. Muy lejos estábamos de la información actual mediante tantos conduc- tos. Empero quedaba claro que el general Ovando había perdido sustento y que otros generales más próximos a posiciones de dere- cha querían relevarlo del mando. En octubre de 1970, apenas tres meses después de la acreditación del embajador Monasterio, se produjo una sucesión de golpes y contragolpes militares y deman- das de turbas enardecidas, que culminó con el general Juan José Torres en el Palacio de Gobierno y Ovando asilado en la Nunciatu- ra Apostólica. ¡Cosas de Bolivia!
La misión continuó con su trabajo, el embajador no dejó ni un instante de cumplir con sus funciones, pero ya se sabía que ha- bría cambios porque eran otros los que se habían hecho con el po- der. Lo que no se suponía es que el derrocado presidente Ovando hubiera sido invitado por el general Torres a ocupar una embajada y que él hubiera elegido Madrid. España o nada exigió. Fue así como el general Alfredo Ovando llegó a Madrid a fines de aquel

