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Amarte  cada  día  y en  cada  momento  es  una  tarea  muy  fácil  y  no  está
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                  limitada por el tiempo.

                  El amor que te entrego es un amor que se da libre como el viento, no tiene

                  necesidad de permisos especiales, sólo se da y se siente como algo lindo y
                  bendecido.

                  Te  confieso  que  muchas  veces  me  pregunto  si  las  letras  que  te  envío
                  pudieran  resultar  aburridas,  porque  parece  que  siempre  son  pocas  y

                  repetitivas.

                  ¿Pero el amor, acaso no es así? Para mí siempre es lindo y grato leer o
                  escuchar las palabras que salen de nuestros labios y corazones. «Te cielo»,

                  «te extraño…» Esas palabras jamás cansan, porque son nuestras.

                  Este amor que tenemos lo hemos sabido cuidar a través del tiempo, y no
                  dejaré que se vaya, no me cansaré de escribirte estas palabras…

                  Son nuestras cartas, nuestros sentimientos, y eso jamás podría cansar.


                  Te cielo mi amor, pese a la distancia que hay entre los dos, tú te encuentras
                  aquí mismo, junto a mí, entre todas mis cosas, en mis ropas, en mis libros, y
                  en todo cuanto hay en mi cuarto.

                  Siempre estoy pensando en ti…


                  Es muy maravilloso amar así...TE CIELO MI BEGOÑA

                  Te cielo vida mía, gracias, muchas gracias por permitirme el amarte día a
                  día, noche a noche.


                  Te adoro vida mía…

                  Te cielo tanto…

                  Pienso en el camino que me lleva a ti.

                  Esta carta que me he puesto escribir especialmente para ti intenta ser

                  hermosa y sincera y quizás sólo logre ser sincera y la belleza haya que
                  buscarla entre todos los silencios cifrados que nos obsequiamos.

                  Esta carta habla de una ausencia, pero también de una presencia, de cómo
                  poder  estar  juntos  cuando  aún  no  se  puede  estarlo,  en  esta  distancia

                  temporal que tantas veces nos hace daño por igual tú y yo, de las mañanas
                  que llegan vivas, cuando escribo o pronuncio tu nombre.

                  De todas esas veces que me piensas y te pienso.
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