Page 142 - Rassinier Paul La mentira de Ulises
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RASSINIER : La mentira de Ulises
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Su manejo es tan peligroso que cuando se le utiliza en una habitación, antes de volver
a entrar en ella «HAY QUE AIREARLA DURANTE DOS DIAS» (pág. 229), pero el
gaseamiento de los judios «dura normalmente una media hora» (pág. 174) tras lo cual «se
abren las puertas y el Sonderkommando empieza INMEDIATAMENTE su trabajo de
extracción de los cadáveres». (pág. 230)... «llevando consigo a los cadáveres comiendo y
fumando» (pág. 180) sin que nunca suceda el menor incidente. Más aún: el primer exterminio
se hizo en un depósito de cadáveres, y para hacer penetrar el gas en él «mientras se
descargaban los camiones (de futuras víctimas) se horadaron varios agujeros en las parades de
piedra y de hormigón del depósito (de cadáveres)» (pág. 172). No se dice cómo se hizo llegar
el vapor de agua necesario, ni cómo se taparon de nuevo los agujeros después de la
introducción de las piedras azules: también apresuradamente, sin duda, y con trapos viejos...
Verdaderamente nada de esto es serio: es más bien de «novela por entregas». ¡ Y es
esta novela la que se presenta como un documento!
* * *
En esta trama de contradicciones ingenuamente expuestas, no se puede mencionar todo:
el volumen comprende 247 páginas y harían falta por lo menos otras tantas para refutarlo.
Había que limitarse pues a lo esencial, y lo esencial es lo referente a las cámaras de gas,
cuestión la más irritante de todas las que atañen al problema de los campos de concentración
en Alemania . Las contradicciones que he recogido me parecen, por otra parte,
[254] suficientes para probar que este nuevo testimonio, al igual que el del comunista húngaro
Miklos, no podía ser la obra de alguno que haya visto eso. Muy probablemente, habiendo
escrito Rudolf Höss su confesión mientras esperaba la muerte, los comunistas polacos han
introducido en ella , de un lado a otro y bastante torpemente, la tesis bolchevique sobre los
acontecimientos que se estima que tuvieron lugar en el campo de Auschwitz de 1940 a 1943,
es decir, durante el tiempo en que él fue Lagerkommandant. Esta es, en todo caso, la única
explicación posible tanto del tiempo que se ha tardado en publicar este testimonio – ¡ 12
años! – como de su incoherencia.
Quiero, sin embargo, recoger aún otras dos pequeñas frases.
«A fines de noviembre de 1940, fui convocado por primera vez por el
Reichsführer y recibí la orden de proceder a una ampliación del territorio del
campo... Se trataba de la construcción de Birkenau (Auschwitz II), que debía ser
seguida por la instalación del conjunto de los Kommandos de Monowitz para la
I.G. Farben (Auschwitz III). La construcción de Auschwitz IV ha sida interrumpida
por la derrota hitleriana.» (Página 121.)
Que yo sepa, ésta es la primera vez que la literatura de los campos de concentración
reconoce que la Alemania en guerra, tal como lo hizo en todas sus otras industrias, había
proyectado también instalar en los campos a la I.G. Farben, industria en la que son
indispensables las cámaras de gas. Para la fabricación de materias colorantes y de cierto
número de productos químicos, no para el exterminio de los internados.
Es lo que ya he dicho en esta misma obra, mucho antes de que esta declaración se
hiciese pública.
Pero ¿y las asfixias de los internados?
Ya estamos en posesión de un elemento cierto:
Apenas terminada la guerra, se publicó en todos los periódicos del mundo la fotografia
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