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150 una iglesia a la que anteriormente asistía. Muchos de los hombres que había
151 alrededor de la mesa se rieron efusivamente ante tal sugerencia. ¡Pero no
152 Napoleón! Puso cara de seriedad y gruñó tan audiblemente que todos se
153 giraron y le miraron asombrados. Para él la Iglesia no era más que un títere del
154 Estado que no debía reformarse, sino utilizarse para instigar a las personas a la
155 acción en masa.
156 En una ocasión Burbank llegó tarde. Cuando apareció, estaba entusiasmado y
157 explicó que su demora se debía a que estaba realizando un experimento con el
158 que esperaba ser capaz de cultivar manzanas en cualquier tipo de árbol. Paine
159 le advirtió que había sido precisamente una manzana la causante de todos los
160 problemas entre hombres y mujeres. Darwin se burló de Paine al decirle que
161 debía tener cuidado con las serpientes pequeñas cuando fuera al bosque a
162 buscar manzanas porque tenían la costumbre de convertirse en serpientes
163 grandes. Emerson observó: “Si no hay serpientes, no hay manzanas”, y
164 Napoleón comentó: “¡Si no hay manzanas, no hay Estado!”.
165 Lincoln desarrolló el hábito de ser siempre el último en abandonar la mesa
166 después de cada reunión. En una ocasión, se inclinó en un extremo de la mesa
167 con los brazos cruzados y permaneció en esa posición durante muchos
168 minutos. No traté de molestarlo. Al final, levantó el rostro lentamente, se puso
169 de pie, se acercó a la puerta y luego regresó, apoyó su mano en mi hombro y
170 me dijo: “Hijo mío, vas a necesitar mucho coraje si estás resuelto a llevar a
171 cabo tu propósito en la vida. Pero recuerda, cuando las dificultades te
172 alcancen, que las personas ordinarias tienen sentido común. La adversidad lo
173 desarrollará”.
174 Una tarde Edison llegó antes que los demás. Entró y se sentó a mi izquierda,
175 donde solía sentarse Emerson, y me dijo: Estás destinado a presenciar el
176 descubrimiento del secreto de la vida. Cuando llegue el momento observarás
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