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90 PIENSE Y HÁGASE RICO
470 "No trascurrió mucho tiempo. Morgan tardó aproximadamente una semana en
471 digerir el festín de motivos que Schwab le había planteado. Cuando se hubo
472 asegurado de que no iba a sufrir ninguna indigestión financiera, llamó a Schwab y
473 se encontró a un joven más bien tímido. Al señor Carnegie, Schwab le dijo que
474 quizás no le agradaría mucho descubrir que el presidente de su conglomerado de
475 empresas ha estado coqueteando con el Emperador de Wall Street, lugar que
476 Carnegie había resuelto no pisar jamás".
477 Entonces John W Gates, que hacía de intermediario entre Morgan y Schwab,
478 sugirió que, si Schwab estuviera casualmente de paso en el Hotel Bellevue de
479 Filadelfia, J. P. Morgan podía "coincidir" con él allí. Cuando Schwab llegó, sin
480 embargo, Morgan se hallaba enfermo en su casa de Nueva York, presionado por
481 el hombre mayor, viajó a Nueva York y se presentó en la puerta de la biblioteca
482 del financista.
483 "Actualmente ciertos historiadores de la economía han profesado la creencia de
484 que esta historia, de principio a fin, fue planificada por Andrew Carnegie; que
485 aquella cena en honor a Schwab, el famoso discurso, la convención dominical entre
486 Schwab y el Rey del Dinero fueron sucesos que el astuto escocés había preparado
487 de antemano. La verdad es precisamente lo contrario. Cuando llamaron a Schwab
488 para cerrar el trato, ni siquiera sabía que "el pequeño jefe", como llamaban a
489 Andrew, prestaría atención a una oferta de venta, particularmente a un grupo de
490 hombres quienes Andrew consideraba que estaban dotados de algo menos que la
491 santidad. Pero Schwab asistió a la reunión con él, con seis hojas escritas por su
492 propia mano llenas de datos que, según él, representaban el valor físico y la
493 capacidad potencial de ganancias de cada empresa metalúrgica que consideraba una
494 estrella esencial en el nuevo firmamento del metal".