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mi Padrino me contestó con un fuerte “Vive y deja vivir”, tuve que pensar mucho. Mi esposa tenía derecho a hacerlo a su manera. Yo tendría que aceptar esta idea si íbamos a emprender una nueva vida juntos.
Olvido de la culpa: Perder el blanco para todos los problemas familiares fue un verdadero golpe. Por mucho tiempo, fui incapaz de admitir que yo era la causa de cualquier dificultad. Después de todo, ¿no era él el que había bebido? Cuando ingresó en AA, estaba creciendo espiritualmente y yo estaba estancada y seguía siendo santurrona y desdichada. Ya no tenía a quien culpar por mi estado de ánimo.
Confiar de nuevo: Puede que no sea fácil, pero relacionarse con una persona sobria es mejor que tratar con un borracho. Las per- sonas sobrias pueden oponerse a nuestros planes y sugerencias y pueden resistirse a asumir la culpa cuando algo va mal. Lo que antes parecía ser una persona “inerte”, ahora camina alrededor observando cosas, ofreciendo consejos y dando órdenes. Pero, a menos que ese espíritu cobre vida, ¿qué se tiene? ¡Nada! Para mí, la vida con mi padre empezó a mejorar cuando me di cuenta de que una persona sobria es más probable que sea confiable y la confiabilidad es la base de la confianza. Decidí confiar en el deseo de mi padre de ponerse bien, y usé mi energía para reparar el daño que la enfermedad me había hecho.
Soltar las riendas: Al principio estaba contento por haber dejado el papel de salvador y mártir. Luego, ya no estaba tan seguro. Me halla- ba resentido porque los hombres venían a llevar a mi esposa a las reuniones. Después me convencí de que debía dejar el asunto de su recuperación a los “expertos” (otros alcohólicos sobrios, su médico, etc.) Finalmente, tuve tiempo para velar por mi propio itinerario de recuperación y dejar que ella hiciera lo que necesitaba hacer por sí misma.
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Aceptación de los cambios


































































































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