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Hacer las cosas que temo: Cuando mi madre bebía, pensaba que era inteligente decirle a la gente que yo sentía miedo. Creía que era “ingenioso” hablar de sentir miedo de la altura o de los espacios cerrados. Entonces no me daba cuenta de que con frecuencia aburría o deseaba atraer la atención. Después, cuando ella consiguió estar sobria y yo descubrí que tenía una verdadera serie de ansiedades aterradoras, me sentí incapaz de todo. Tenía verdaderamente miedo. Para mejorarme, tuve que obligarme a mí mismo a sonreír y entrar en un salón lleno de personas, aun cuando éstas eran de Alateen. No obstante, su estímulo me ayudó a ir a reuniones fuera de la seguridad de mi hogar. Ahora, cuando siento una agitación en el estómago, respiro profundamente y hago el esfuerzo de encarar la situación.
Superación de los celos: Estaba celosa de sus amigos de AA. También tenía una buena razón: otras mujeres. Ellas le llevaban a las reuniones, le llamaban a casa, le hacían regalos y le mandaban tarjetas y notas perfumadas. Las odiaba y culpaba por acaparar a mi esposo. Cuando mis peores sospechas se confirmaron, me desespe- ré. Culpé a todo el mundo, excepto a mi esposo, aunque realmente sabía que él se estaba divirtiendo, y yo parecía ser la única que sufría. Me atormentaba, ¿cómo podía hacerme esto a mí? Después de todo lo que habíamos pasado juntos, ¿me dejaría por otra mujer? Estaba terriblemente angustiada. Le amaba y le odiaba. Me odiaba a mí misma. Los amigos de Al-Anon me instaban a que no tomara su comportamiento como una afrenta personal, que practicara el programa y sanara mis heridas, que me desprendiera de los celos poniendo su cuidado en manos de mi Poder Superior. Me llevó mucho tiempo, muchas llamadas telefónicas y reuniones, pero empecé a creer que era a mi esposo a quien le faltaba algo al haber decicido no estar conmigo. Cuanto más ocupada estaba con la prác- tica del programa de Al-Anon, menos me obsesionaba con su com- portamiento. Empecé yo misma a observar que tenía buen aspecto y, podría añadir, noté que los demás empezaban a creer también que tenía buena apariencia. Hasta mi esposo notó mi cambio. Ya no estaba desesperada. Después de una larga separación, mi esposo me pidió que intentáramos otra vez vivir juntos. Pude decirle que sí
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Valor

