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“La paciencia llega con la aceptación”.
RESENTIMIENTOS
La ira, al igual que otras emociones humanas, tiene cabida en nues- tra vida. Puede ser una forma de autoprotección, una señal para que los demás se den cuenta de que hemos llegado al máximo de nuestra frustración, de que nos están ofendiendo y que no aceptaremos lo inaceptable. Como otras pasiones, puede estar fuera de nuestro con- trol, y aunque no seríamos humanos si no la sintiéramos, seríamos igualmente inhumanos si viviéramos en un constante estado de ira.
Muchas personas que viven con alcohólicos en recuperación dicen que tienen un problema o sienten demasiada ira o no sienten ninguna. También tienen problemas con la ira del alcohólico; no les gusta, no creen que deban tolerarla, pero no saben qué hacer al respecto. La mayoría piensa que los viejos resentimientos y las nuevas frustracio- nes tienden a disminuir las posibilidades de una vida agradable. La ira incontrolable puede hacer que nuestra vida sea ingobernable y con frecuencia nos impulsa a hacer el examen de otra persona. Puede hacernos olvidar que somos incapaces de cambiar a los demás y puede obstaculizar el reconocimiento de nuestra propia necesidad de recu- peración. No sentir ira alguna denota falta de estimación propia. Un equilibrio entre los dos extremos parece ser una de las soluciones.
REFLEXIONES SOBRE
Reconocimiento de la ira: Había olvidado lo que era estar verdade- ramente airado. Mis primeras frustraciones y rabia durante los años de bebida dieron origen a una irremediable desesperación. Ya no podía enfadarme. Creía que merecía la vida penosa que estaba llevando. No tenía amor propio, no podía soportar ninguna clase de discusión, hacía cualquier cosa para tener tranquilidad. Además, me habían enseñado
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