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del béisbol, mi automóvil, mis opiniones, etc. Yo quería amarlo, quería que simplemente me agradara, pero no podía soportar su fanfarrone- ría. Dije que creía que él todavía estaba “enfermo”, a pesar de que no bebía, y que la situación nunca cambiaría. Por poco me desmayo cuando un jovencito de trece años dijo: “Así que tu papá todavía tiene defectos de carácter, eso es problema de él, y si piensas más en sus defectos que en los tuyos, ese es tu problema”. Tenía razón. Siempre estaba pensando en la clase de padre que deseaba que fuese. Hasta inventé un padre de fantasía que me decía que era un buen chico y me llevaba a las carreras de autos. Ese sueño formaba más parte de mi vida que mi padre. Empecé a controlar mi cólera y dejé de discutir con él. Pensé en ser agradecido por lo que tenía, por las veces en que sí nos llevábamos bien. Noté que los momentos tranquilos eran los que él más disfrutaba, y traté de compartirlos.
Así sucedió: Antes de la bebida nos hicimos la promesa de una maravillosa vida juntos, y yo esperaba que la sobriedad significara empezar de nuevo a partir de ese momento de nuestra vida. Durante todo el primer año de su sobriedad estuve tranquila, nunca forcé las situaciones, contuve todas mis confusas emociones, sólo para tener la oportunidad de mejorarnos. Era tan buena con él, y él era un con- cienzudo miembro de AA, así que era bueno conmigo. Todos decían que era afortunada por ser su esposa; era complaciente, servicial, generoso, pero faltaba algo. Me llevó muchos meses decidir lo que quería hacer al respecto; pero sabía que, para mí, el amor era algo más que la tolerancia paciente. Para nosotros no era suficiente ser simplemente amables uno con otro. Él hizo que se me hiciera muy difícil abandonarlo, pero yo sabía que era necesario. No creo que una tregua pueda sustituir una relación estimulante y provechosa, y yo me preocupaba por ambos lo suficiente como para creer que los dos merecíamos algo mejor.
Descubrimiento de otra inclinación irresistible: Cuando él se recuperó de la bebida aún había otro problema. Me disgustó des- cubrir su gran afición a planes para hacerse rico pronto. Había escuchado a otros decir que puede haber más de una compulsión:
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Decepciones


































































































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