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que están a favor de tratar de empezar otra vez; algunos están segu- ros y confiados, otros, cautelosos y vigilantes.
En ocasiones, el más confiado de nosotros se desalienta con los nuevos problemas que la sobriedad trae consigo. Manifestamos falta de ánimo ante los muchos cambios que creemos se necesitan en nuestra propia vida a causa de vivir con alguien que no puede con- sumir bebidas alcohólicas. Creemos que el proceso de recuperación del alcohólico y sus reuniones y amistades, son más importantes que nosotros. Hablamos de nuevos temores, nuevos sentimientos de cul- pabilidad. Creemos que no nos comunicamos bien, que no sabemos qué decir al alcohólico, ni cómo decirlo. Para algunos existe siempre el temor prolongado e inquietante de que si decimos o hacemos lo indebido, el alcohólico podría tomarlo como excusa para volver a beber.
Sabemos que no sirve de nada hacer una lista de quejas sobre la vida con un alcohólico sobrio, pero también sabemos que no se obtiene ningún provecho al negar los problemas o al rehusar discu- tirlos. Uno de los aspectos más útiles de la hermandad Al-Anon y Alateen es la oportunidad que tenemos de expresar nuestros dilemas, con la seguridad de que no seremos censurados por hablar franca- mente. Por el contrario, acostumbramos a escuchar cómo los demás han usado los instrumentos del programa, los lemas, los Pasos, y las Tradiciones para afrontar sentimientos y situaciones similares. Este compartimiento nos da la fortaleza para mejorar nuestra actitud y nuestra vida.
Mirar hacia adelante
También hemos tenido la experiencia de los muchos miembros de la hermandad Al-Anon y Alateen que han podido enfrentarse con muchas de las dificultades que la sobriedad presenta y que viven felices al:
aceptar los cambios que la sobriedad trae consigo; reconocer y aminorar los resentimientos y sentimientos de culpa-
bilidad;
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Empezar de nuevo


































































































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