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clifusión de los manuscritos y en la concepción de la iluminación de las obras.
                                                    Las capitales utilizadas en los suntuosos evangelarios irlandeses en ocasiones
                                                    revisten formas bastante singulares. Si  bien su estructura está emparentada con
                                                    el alfabeto latino, parece fuertemente influida por la escritura rúnica de
                                                    Escandinavia y de la  Europa septentrional. En este alfabeto capital observamos
                                                    las formas características de las letras A, B,  E y, sobre todo, M, cuyos tres trazos
                                                    verticales están cruzados por un trazo horizontal a media altura. La  O en losange y
                                                    la S no son menos características de esta escritura insular. No obstante, al  margen de
                                                    los títulos, lo que más singulariza el arte escrituraría anglo-irlandés es la  escritura
                                                    empleada para caligrafiar el  texto propiamente dicho. Conocida durante la Edad
                                                    Media como scriptura scottica por su origen irlandés, se denomina igualmente
                                                    <<semiuncial irlandesa», nombre que parece ajustarse mejor a la realidad. Esta letra,
                                                    que se mantuvo en vigor desde finales del siglo v11  hasta el  siglo IX, procede,
                                                    efectivamente, de la semiuncial y no de la cursiva romana, al  igual que las escrituras
                                                    llamadas nacionales (merovingia, beneventana y visigótica). Los más bellos ejemplos
                                                    de semiuncial irlandesa provienen de suntuosos manuscritos como el  evangelario de
                                                    Durham y el de san Willibrord, los Libros de Durrow y de Lindisfarne, el Códice
                                                    Áureo de Canterbury y el célebre Libro de Kells, obra maestra ue la  iluminación
                                                    irlandesa y europea.
             Miniatura que representa a Eadwine, monjt'
             ele Canterbury, hacia  1140. Dicho monje, a
             quien vemos aqUJ  en posición de e~criba, con   Descripción de la escritura semiundal irlandesa
             una pluma de ganso en su mano derecha y un
             raspador en la  i1.quierda. se proclamaba a sí   La semiuncial irlandesa es una letra relativamente robusta y bastante ancha.
             mismo •príncipt• ele los escriptores•.   Su altura de cuerpo comprende cinco anchos de pluma. El  ángulo de escritura con
             Alrededor de 'u retrato se pueden leer las
                                                    respecto a la  línea horizontal varia aproximadamente de 5° a 2d' según los escribas.
             alabanzas que dirige a su propia persona:
             •Eadwine, esta 1magen reproduce tu retrato y   Estamos, pues, ante una escritura de ejecución lenta, si tenernos en cuenta que la
             este libro revela tu excelencia ... Este libro te es   pluma se mantiene casi  paralela a la línea de escritura. Los gruesos verticales tienen
             ofrecido, oh Dios, recibe este apreciable don.•
                                                    una apariencia combada y generalmente están caligrafiados en tres tiempos para
                                                    reforzar el  remate. Ciertos elementos del alfabeto, en las letras g, e,  t y z, se filetean
                                                    con la esquina exterior izquierda de la  pluma y se rellenan a continuación.. Sobre
                                                    este particular nos remitimos a la lámina de estudio para seguir correctamente el
                                                    ductus.  En su conjunto, la  uncia! irlandesa se presenta como una sabia mezcla de
                                                    minúsculas y de mayúsculas.  Los ascendentes y los descendentes son muy breves.
                                                    La  b,  h y 1 forman una curva hacia la izquierda. Lar y las son mayúsculas.
                                                    Señalemos finalmente que ciertas letras, especialmente el,  n, r, s y z presentan varias
                                                    formas.
                                                       En esta escritura las ligaduras son signos de pleno derecho. Cabe señalar en
                                                    especial la  letra e, que se combina admirablemente con la g, la t,  la x y la z.
                                                    En  ocasiones m y n adoptan las proporciones correspondientes a una anchura
                                                    anormal cuando ·figuran como letra final.
                                                       La  puntuación se halla presente en los manuscritos irlandeses. El punto se
                                                    transcribe mediante un  punto situado a media altura de la caja de renglón.
                                                    Tres puntos al final de una lfnea indican el  término de un capítulo o de un párrafo.
                                                    El  punto y coma aparece idéntico al  nuestro, pero la coma todavía se representa
                                                    mediante un guión oblicuo en trazo fino.


                                                     El  Libro de Kells y la iluminación de los manuscritos irlandeses

                                                     Hacia finales del siglo vn, Seda el Venerable publicó su célebre Historia ecclesiastica
                                                    gentis anglorum. Poco tiempo después de la muerte de su discípulo san Cuthbert, las
                                                     reliquias de éste último fueron trasladadas a Linclisfarne y con ocasión de este





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