Page 5 - Edicion 812 EL Directorio
P. 5
del sur de California. Encontró trabajo en una estación de radar montañosa en la Columbia Bri- tánica y, cuando ahorró el sufi- ciente dinero, su familia se unió a él. Las cosas empezaron bien. La familia se mudó a un rancho y Rick prosperó como granjero y soldador. Pero no duró mucho tiempo. La recesión de princi- pios de los ochenta se llevó por delante el negocio. El alcoho- lismo hizo el resto. Su mujer le abandonó.
Tras el colapso familiar, Rick llegó a estos bosques para hacer de trampero. Su presa era la marta americana, un pequeño mamífero cuyo pelaje, blanco en invierno, es muy apreciado por la industria textil. Asegura que usaba unas trampas de hierro que mataban al animal al ins- tante, sin sufrimiento. Lleva tiempo sin dedicarse a ello y, a pesar de ser un amante de los animales, no se avergüenza de su pasado. No omite detalles sobre el proceso de captura y descuartizamiento de la marta, aunque evita usar el verbo matar. Él habla de despachar. Aquello duró lo suficiente como para que Rick se acostumbrara a la vida en la cabaña. Desde que jugueteaba con los tritones del río, siendo un crío en Califor- nia, siempre se había sentido muy atraído por la naturaleza, los animales y la vida salvaje, así que decidió quedarse indefi- nidamente. Lleva allí 30 años, 20 de ellos sobrio. Durante un tiempo vivió acompañado de su perro, hasta que el animal se
enfrentó a un puma y perdió.
Rick ya fumaba en pipa cuando llegó aquí, y eso le ayudó. El olor del tabaco llamó la atención de la fauna del lugar, en espe- cial de los osos. Se acostumbra- ron a él, y su potente olfato les permitía saber en todo momento dónde se encontraba. Eso le hacía previsible y poco peli- groso, así que aprendieron a confiar en él. Rick empezó a po- nerles nombres a todos. Y a ha- blarles. Hoy, cada vez que una osa pare, lleva la camada a la cabaña de Rick para hacer la presentación oficial.
En los primeros cinco años de Rick en el bosque, los cazado- res mataron a siete osos grizzly y la supervivencia del grupo quedó gravemente amenazada. En su vida anterior quizá se hu- biera liado a tiros con los intru- sos. Pero el nuevo Rick se les ofreció como guía. Cuando el cazador tenía poca experiencia, Rick le colocaba de espaldas al viento para que el olor del foras- tero recorriera el bosque y los animales pudieran huir. Cuando no había más remedio, Rick lle- vaba a los visitantes hasta los ejemplares más viejos o débiles. De esta manera protegía a las madres y a las crías. En una de sus últimas expediciones monte- ras, Rick alargó la búsqueda du- rante días. Aprovechó ese tiempo para impregnar al caza- dor de su pasión por los grizzly. Cuando ya no hubo más reme- dio y tuvo que colocarle delante del objetivo, el hombre no pudo
la cámara, tomó una foto y se dio media vuelta.
El lejano noroeste de América fue el lugar por el que los prime- ros humanos llegaron al conti- nente. Desde aquí fueron avanzando y asentándose: desde el círculo polar ártico hasta Tierra del Fuego, el último pedazo de continente antes de la Antártida.
Uno de estos grupos —ahora llamados Primeras Naciones—, eran los kwakwaka’wakw. Esta tribu, organizada en grupos, fue la que ocupó estos bosques, ahora canadienses. Se calcula que su población llegó a alcan- zar los 19.000 miembros. Eran navegantes, gracias a las ca- noas que tallaban de los enor- mes cedros, que abundaban, y pescaban salmón.
Hoy todo ha cambiado: para los kwakwaka’wakw, para los ce- dros y para los salmones.
Los europeos llegaron a la zona en la década de 1790, de la mano del capitán Vancouver. Con ellos aparecieron también las armas de fuego y enferme- dades como el sarampión, la gripe o la tuberculosis, para las que los primeros habitantes de las islas no estaban preparados. Un siglo después quedaban unos 1.000.
Después el hombre blanco llevó también sus empresas. Las ma- dereras arrasaron los grandes cedros, y por el camino contami- naron los ríos y alteraron el há-
Reportaje
bitat con sus carreteras y pre- sas. Luego las empresas pes- queras colocaron la diana en el animal que protagoniza toda la cadena alimentaria del territorio grizzly: el salmón.
El incierto estado de salud del complejo ecosistema en el que reina el grizzly es resultado de su accidentada historia.
Hoy, osos, nativos, industria ma- derera, piscifactorías, cazadores y turistas —cada vez más nu- merosos— conviven como pue- den. Rick es una pieza más de ese puzle, que desde hace dos años cuenta con un nuevo actor.
En 2016, Felix Rome, el jovencí- simo autor de las imágenes que ilustran este reportaje, había ter- minado sus estudios de fotogra- fía en Reino Unido y decidió irse a Canadá en busca del gran oso. Conoció al propietario de un minúsculo resort ubicado en una islita en el centro del territo- rio grizzly y le propuso que le alojara durante unas semanas a cambio de hacer fotografías para su página web. El propieta- rio tuvo una idea mejor: le dio una tienda de campaña y una lata de judías, y le llevó en su lancha al bosque de Rick. El viejo reconoce que al ver a aquel fotógrafo larguirucho pensó que no duraría mucho en el bosque. Pero lo que iba a ser una excursión de unos días se convirtió en todo un intenso ve- rano de aprendizaje y amistad.
Las primeras semanas, Felix se instaló en su tienda de campaña
disparar. Sacó
Edición 812 Del 28 de febrero al 7 de marzo del 2019
El Directorio Comercial Latino de Montreal 5