Page 182 - Donde termina el arco iris
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CECELIA AHERN                                                             Donde termina el Arco Iris
               ALEX: ¿Y vas a hacerlo?
               ROSIE:  Primero deja que te hable un poco de él y luego quizá puedas ayudarme a
                       resolver el dilema al que me enfrento. Se llama Sanjay, tiene sesenta años y
                       está casado, vive con su mujer y dos hijos, y es el propietario del chiringuito
                       de comida para llevar que hay debajo de mi casa. Ah, ¿y a que no adivinas
                       dónde me ha invitado a cenar?
               ALEX: ¿Dónde?
               ROSIE: A su chiringuito. Dijo que pagaría él.
               ALEX: ¿Y cuál es el dilema, entonces?
               ROSIE: Muy gracioso.
               ALEX: Al menos tienes vecinos simpáticos.
               ROSIE: Éste no es el mejor ni de lejos. En la puerta de al lado vive el dueño del garito
                       de tatuajes (que también está debajo de mi piso). Tiene el cuerpo cubierto de
                       tatuajes de la cabeza a los pies, una magnífica mata de pelo negro, sedoso y
                       muy   largo   que   lleva   recogido   en   una   trenza,   y   una   barba   de   chivo
                       pulcramente recortada que le enmarca la boca. Mide más de metro noventa y
                       siempre va con unos pantalones de cuero, un chaleco de cuero y unas botas de
                       motorista con la punta de metal. Cuando no está perforando la piel de sus
                       clientes pone música a todo volumen en el piso de al lado.
               ALEX: Hay que tener valor para vivir al lado de un fan del heavy metal.
               ROSIE: Ahí te equivocas. Se llama Rupert, tiene treinta y cinco años, se graduó en el
                       prestigioso Trinity College de Dublín con una licenciatura en Historia de
                       Irlanda y un máster en Literatura Irlandesa. Su ídolo es James Joyce y en el
                       pecho lleva tatuada la cita: «Los errores son los portales del descubrimiento».
                       Es un fanático de la música clásica y la ópera y cada tarde, a las cinco,
                       mientras cierra el garito y hace la caja pone a todo volumen el Concierto para
                       piano número 2 en si bemol, opus 83, de Brahms. Después sube a su piso,
                       donde cocina unos platos deliciosos que huelen de maravilla y se sienta a leer
                       Ulises por billonésima vez mientras escucha Lo mejor de Pavarotti atronando en
                       sus altavoces (prestando especial atención a «Nessun dorma»).
                       A estas alturas Katie y yo nos sabernos prácticamente toda la letra y Toby se
                       mete un cojín dentro de la camisa, se sube al sofá y finge que canta. Al menos
                       Rupert está educando a los  niños. Katie anda  loca  por  mezclar «Nessun
                       dorma» con un tema de baile que ha compuesto con sus pletinas nuevas. Se
                       las   compró   Brian   el   Llorica,   por   lo   que   me   enfadé   mucho   porque   tenía
                       previsto regalárselas por Navidad. Pero le he pedido a Katie que las guarde en
                       el piso de Brian para no molestar a mis vecinos. Aunque, la verdad, no sé por
                       qué me tomé tantas molestias teniendo en cuenta la cantidad de ruidos y
                       olores que nos amenazan sin tregua. Ah, sí, ¿ya te he comentado que Juana de
                       Arco vive al otro lado del rellano?
               ALEX: Ja, ja, no.
               ROSIE: Bien, esta mujer (se llama Juana, María o Brígida o algo por el estilo) tiene cerca
                       de treinta años. Vino a saludarme el día que me mudé y cuando vio que
                       éramos sólo Katie y yo y que mi soltería no se debía a la trágica pérdida de mi
                       marido se fue de forma bastante grosera y no nos ha vuelto a dirigir la
                       palabra.
               ALEX: Bueno, al menos no hace ruido.
               ROSIE: Que me desdeñe a mí, la pecadora del bloque de apartamentos, no signifi ca
                       que no arme bulla. Me fijé en que cada lunes por la tarde parecía que una
                       enorme manada de elefantes subiera hasta nuestra planta para meterse en el
                       piso  de  Juana  de  Arco.  Tras   posteriores   investigaciones  deduje  que   cada







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