Page 209 - Cementerio de animales
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hubieran salido todos los que estaban allí. Pero Jesús sólo quería a Lázaro.
               De la boca de Louis salió entonces una frase absurda (pero el día había sido una
           sucesión de absurdos):

               —Eso fue hace mucho tiempo, Ellie.
               —Yo me ocuparé de tener sus cosas preparadas. Llevo su foto, me sentaré en su
           sillón…

               —Ellie, ese sillón es pequeño para ti —dijo Louis oprimiendo la mano febril de la
           niña—. Lo romperás.
               —Dios hará que no se rompa —dijo Ellie. Su voz sonaba serena, pero tenía unas

           grandes ojeras. Sólo de mirarla, a Louis se le partía el corazón, y tuvo que volver la
           cara. Quizá cuando se rompiera el sillón de Gage ella empezaría a comprender mejor
           lo ocurrido—. Llevaré siempre su foto y me sentaré en su sillón. Y también tomaré su

           desayuno.  —Gage  y  Ellie  tomaban  distinta  clase  de  cereales.  Según  Ellie,  los  de
           Gage  sabían  a  gusano  muerto  y,  si  no  había  otros,  prefería  un  huevo  pasado  por

           agua… o nada—. Y comeré pastillas de lima, aunque no me gusten, y leeré todos sus
           cuentos, y…, y…, bueno…, lo tendré todo listo por si…
               Ahora estaba llorando. Louis no trató de consolarla; sólo le apartó el pelo de la
           frente.  Lo  que  ella  decía  tenía  su  lógica.  Mantener  la  línea  abierta.  Mantener  las

           costumbres. Mantener a Gage en el presente, en la actualidad, no dejar que se alejara;
           ¿te acuerdas cuando Gage hacía esto…, o aquello…? Sí, qué risa…, qué fabuloso,

           Gage, qué chico. Cuando deja de doler, deja de importar. Y Louis pensó que tal vez
           ella comprendía lo fácil que sería dejar que Gage muriera.
               —Ellie, no llores —dijo—. Ya verás cómo se te pasa. Esto no durará toda la vida.
               Pero ella estuvo llorando toda la vida… quince minutos. Incluso siguió llorando

           después de dormirse. Pero al fin se tranquilizó y abajo, en la casa silenciosa, el reloj
           dio las diez.

               «Manténlo  vivo,  Ellie,  si  eso  es  lo  que  deseas  —pensó  y  le  dio  un  beso—.
           Probablemente, los psiquiatras dirán que es malsano, pero yo estoy a favor. Porque sé
           que un día, tal vez muy pronto, tal vez este mismo viernes, te olvidarás la fotografía,
           y yo la encontraré en tu cama mientras tú vas en bicicleta por la explanada o estás en

           casa de Kathy McGown, haciendo vestidos para las muñecas con su maquinita de
           coser.  Y  Gage  ya  no  estará  contigo,  y  entonces  Gage  saldrá  del  presente  y  se

           convertirá en "algo que sucedió en 1984". Una tragedia del pasado.»
               Louis salió de la habitación y se quedó un momento en lo alto de la escalera, sin
           acabar de decidirse a ir a la cama.

               Sabía lo que en aquel momento necesitaba, y eso estaba abajo.
               Louis  Albert  Creed  se  dispuso  metódicamente  a  emborracharse.  Abajo,  en  el
           sótano, había cinco cajas de cerveza Schlitz Light. Louis bebía cerveza, Jud bebía

           cerveza, Steve Masterton bebía cerveza, Massy Dandridge bebía una o dos cervezas




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