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soluciones. Dentro de estos grupos sociales hay
dos polos bien marcados, los que juntan desechos
para vender y los que se los compran, ambos viven
en el mismo lugar, y cuando más tratan de
diferenciarse, más se parecen, pues juntos
conviven en la promiscuidad, con las
enfermedades, la superstición y la ignorancia. De
este lugar salió la historia que ahora redactaré.
“Dónde se olían las huellas de la noche
bañadas de rocío, con un cielo prometedor de
chaparrones, transitaba Esteban Gómez, con sus
ropas remendadas con colores a destinos y viejas
manchas que recordaban su ausente
habito de limpieza, con el pelo alisado con la
mano y la barba descuidad, donde los
asombrosamente limpios eran, ese reloj barato que
sujetaba estrechamente su muñeca por sobre el
puño de tela, y su cuchillo, dentro de una vaina de
cuero duro y reseco, metido en la cintura, bajo el
pantalón y sujetados ambos con la
cuerda que hacía de cinto y todo cubierto por
el faldón de la camisa. Esteban trabajaba en
changas a la orilla de la ciudad, pero la mayor parte
del tiempo la pasaba juntando botellas y catones
en el basural, y con la ganancia de estos
compraba caña que llevaba en su bolsita
inseparable; muchos recordaban su nombre como
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