Page 129 - Egipto Tomo 1
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A TRAVES DE LA DELTA 111
que tiene lugar el mercado de caballos, en la cual se ofrecen al peregrino cuantos pasa-
tiempos encierra el Oriente.
Pero no es tan sólo en dicha plaza donde están concentradas las diversiones: todos
los cafés de la ciudad están profusamente iluminados; y desde fuera se perciben los agudos
sones de la música árabe que suena en su interior, un tanto apagados por el ruido de
las castañuelas y los bravos (Ya SalámJ 1 de oyentes y espectadores. Aquí acuden cuantas
bailadoras, cantoras y cortesanas aderezadas y arreboladas encierra el valle del Nilo, y así
se explica que encontráramos en Tantah una Ghazijeh (bailarina) que habíamos admirado
en las más remotas comarcas del Nilo superior, en la casa del agente consular de Alemania
residente en Luksor. Las únicas que no concurren son las almeas y cantadoras más famosas
del Cairo: mas no se crea por esto que escaseen, entre las que aquí se hallan, consumadas,
artistas y mujeres de peregrina belleza. Por punto general pertenecen á una raza par-
ticular, distinta de la egipcia propiamente dicha, y cuentan con maestras directoras, á
una de las cuales, acaso por chanza oímos dar el nombre de Machbuba—Bey. Ocasión
tendremos de verlas más despacio y en círculo más reducido cuando nos hallemos en Said,
y entonces nos ocuparemos en describir la elegancia de su vestido , la riqueza de sus
aderezos y la naturaleza del arte que profesan. En tanto dura la feria de Tantah doquiera
convierte el viajero la mirada distingue mujeres de esta clase y además famosos bailarines
vestidos de mujer, charlatanes y juglares que lucen sus habilidades al aire libre, en
medio de un apretado círculo de embobados espectadores, que presencian el espectáculo
acurrucados en el suelo. Aquí es donde mejor que en parte alguna puede estudiarse la
sencillez é ingenuidad de los orientales.
Difícil se haría creer sin verlo, la bondadosa complacencia con que los adultos hacen
lugar á los niños y los colocan en primera fila ; y los más crecidos y los hombi e& se
tercer lugar para que los menores y las mujeres puedan \ei mejoi
colocan en segundo y
el horror que se dibuja en todos los semblantes cuando el saltimbanqui empuña su con
trahecho puñal : el profundo respeto con que todo el concurso se inclina cuando el charlatán
pronuncia el nombre del Omnipotente, el nombre de Alá. las ingenuas caicajadas y geneial
ocurrencias de Karagjuz ^ y de Ah—Kaka, siquitia sea de
regocijo que excitan los chistes y
lo lamentamos con toda el alma, que asistan á tales espectáculos, mujeres é-
lamentar, y
inocentes rapaces 3 .
De cuanto llevamos dicho se desprende que no es simplemente el sentimiento religioso-
lo único que lleva á los peregrinos á Tantah: justo es confesar, sin embargo, que la inmensa
mayoría obra á impulsos de su ardiente deseo de orar junto al sepulcro que encierra los-
i Tendría en esta palabra su origen el Salaa y Resalaa de Andalucía? V.
i _ _
. fi Karamnz es entre los musulmanes, lo que el polichinela entre los italianos; pero mas cínico, mas soez y mas desenfrenado. Quien
desee más notSias sobre las representaciones del Karagjuz, puede ver el libro Constantinopia, de E. de Amicis, publicado en En Mondo
Ilustrado que dan a luz los ed ' t e “ ^'
°^ CQm posicion en verso del poeta Willibald Winkler, describiendo la animación que ofrece la
Suprimimos por inneees ¡er
plaza de Tantah con motivo de eso* p0 rque sobre no añadir nuevos detalles á los consignados por el autor, pierde, traducida en.
prosa, todo el interés que pueden comunicarle la rima y e condonante.