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RASSINIER : La mentira de Ulises
de 1950), me hubiese permitido por sí solo – si hubiese sentido el deseo de darle la respuesta
en el mismo tono – el obtener sustanciosas reparaciones de cualquier Juzgado.
El abanderado de la tercera oleada fue Rémy Roure, en los siguientes términos:
[290]
«Este Rassinier describe en la siguiente forma el campo de Buchenwald: "Todos los bloques,
geométrica y agradablemente puestos sobre la colina, están comunicados entre sí por calles de
hormigón; unas escaleras de cemento y en rampa conducen a los bloques más elevados; delante de
cada uno de ellos hay pérgolas, con plantas trepadoras, pequeños jardinillos con césped de flores, por
aquí, por allá, pequeñas glorietas con surtidores o estatuillas. La plaza, que cubre algo así como medio
kilómetro cuadrado, está totalmente pavimentada, tan limpia que en ella no se podria perder un alfiler.
Una piscina central, con trampolín, campo de deportes, frescas sombras, un verdadero campo para
colonia de vacaciones, y cualquier transeúnte al que le fuese concedido el visitarlo en ausencia de los
presos, saldría convencido de que en él se lleva una vida agradable, llena de poesía silvestre y
especialmente envidiable, en todo caso fuera de toda medida común con los azares de la guerra que
son el destino de los hombres libres..."
»Hago un llamamiento a mis camaradas de Buchenwald: ¿reconocen ellos su campo?»
(Force ouvrière, jueves 25 de enero de 195l.)
Rémy Roure puede hacer el llamamiento a sus camaradas de Buchenwald: esto no se
encuentra en La mentira de Ulises. Cogido en flagrante delito ante el Juzgado de Bourg-en-
Bresse, se excusó y tuvo a bien el reconocer (Le Monde, 26 de abril) que no habiendo leído la
1
obra solamente me citaba según Maurice Bardèche ( ). Ahora bien, si es exacto que Maurice
Bardèche citó este pasaje en su Nuremberg II no lo es menos que lo tomó de El paso de la
línea – donde se encuentra para dar una idea de la instalación material no del campo de
Buchenwald sino del de Dora en su último período – y que muy honestamente no buscó el
desfigurar su sentido aislándole de su contexto.
Añado aún, por molesto que le resulte a Rémy Roure, que considerando ausentes a los
detenidos – lo digo claramente: ¡en ausencia de los presos! – el campo de Dora se asemejaba a
la descripción que
[291] he hecho de él, y todos los que lo han conocido son del mismo parecer. Cuando los
presos volvían a él, después de una larga y agotadora jornada de trabajo, la burocracia le daba
otro aspecto diferente, y lo que precede y sigue al pasaje que bastante a la ligera se me
reprocha – ¡y que para las necesidades de la causa Rémy Roure reemplaza hábilmente por unos
puntos suspensivos! – lo dice en términos precisos.
Le perdono de buena gana a Rémy Roure esta mala acción. Aunque sólo sea porque en
el mismo artículo ha escrito esto:
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«Los mandos de los KZ ( ), los Kapos, jefes de bloque, Vorarbeiter y Stubendienst, presos
también que vivían de la muerte lenta de sus compañeros»
que es uno de los temas principales de La mentira de Ulises, probado así de brillante
manera, y que es muy exactamente lo contrario de lo que todos los destajistas de la literatura
de los campos de concentración, con David Rousset a la cabeza, habían escrito hasta ahora.
Pero yo planteo esta cuestión: lo que procediendo de mí fuese una calumnia y una
difamación, ¿sería palabra de evangelio y respetable procediendo de Rémy Roure?
¿O no será más bien que él no me perdona el haber sido el primero en intentar dar a
conocer esta horrible verdad?
1
Se me ha dicho que Maurice Bardèche era de extrema derecha, y que en otras numerosas circunstancias él no
había dado prueba del mismo afán de objetividad: esto es cierto, y yo no me he abstenido de decírselo cada vez
que he creído tener motivo. Pero ésta no es una razón ni para negar su mérito en esta circunstancia, ni para
negarse a reconocer que salvo en una página, en sus dos obras sobre Nuremberg - tan injustamente condenadas
como La mentira de Ulises - trata del problema alemán partiendo de los mismos imperativos que poco después de
la guerra de 1914 a 1918 eran los de Mathias Morhardt, de Romain Rolland y de Michel Alexandre, cuando eran
de izquierdas. Y no es culpa mía si, por un curioso vaivén histórico, los individuos de izquierda al adoptar desde
1938-39 el nacionalismo y el chauvinismo que eran de derecha, han obligado de ese modo a la verdad que era de
izquierda a buscar asilo en la derecha y en la extrema derecha. De todas maneras el cronista no puede aceptar el
pronunciarse sobre la materialidad de los hechos históricos en función de imperativos variables con la política, ni,
según el ejemplo de Merleau-Ponty (pág. 294), reconocer un hecho como verdadero sólo cuando sirve a una
propaganda.
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Abreviatura de Konzentrationslager, palabra alemana que designa a los campos de concentración.
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