Page 8 - tan bueno como el pan
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                     El presagio











                    E      s el lunes 28 de setiembre de 1891. En el vapor Lautaro, doce misioneros provenientes


                           de Italia están por llegar al Perú.

                              Son nueve Hijas de María Auxiliadora y tres Salesianos de Don Bosco, quienes
                     navegan hacia el puerto del Callao. Están en el día número cuarenta y tres de su largo
                     viaje. Habían partido de Turín, en el norte de Italia, el 16 de agosto. En el trayecto habían
                     pasado por París y Londres, cruzaron el Canal de la Mancha y el océano Atlántico, y ahora
                     surcaban el océano Pacífico. Una travesía gigante.
                        Entre estos misioneros iba el padre Carlos Pane, de 35 años. Era italiano (de hecho,
                     “pane” es una palabra italiana que, traducida al español, significa “pan”), aunque también
                     había vivido algunos años en España. Por eso sabía hablar muy bien español, idioma que
                     le sería de gran utilidad en el Perú.

                        El Lautaro se aproximaba cada vez más a la costa. Desde el vapor se veía el valle del río
                     Rímac y, como telón de fondo, la gris cadena de cerros que marca el inicio de la Cordillera
                     de los Andes. También lograron apreciar la ciudad de Lima, reconocible por las torres de
                     sus grandes y antiguas iglesias, famosas por haber cobijado a santos, entre ellos, la célebre
                     Rosa de Lima.

                        Esta vista de la capital del Perú y sus torres quedaron grabadas en las retinas de los
                     misioneros, sobre todo en las del padre Pane. Por eso algunas horas después tomó papel,
                     pluma y tintero para contar esta experiencia. En su carta escrita al Rector Mayor Don
                     Miguel Rúa, primer sucesor de Don Bosco, escribió:

                        “Gracias a Dios sus hijas e hijos hemos llegado felizmente a la tierra de Santa Rosa de
                     Lima. ¡Usted puede imaginarse el gusto con que saludaríamos las altas torres de Lima!”.










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