Page 44 - Como mariposas a la luz
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Una mala inversión
Alguien nos dijo una vez que “El tiempo es oro”, ¡y lo creímos!
¡A partir de aquel momento empezamos a invertir nuestro tiempo, en crear riqueza,
en encontrar horas para trabajar, ganar dinero y comprar y comprar, para así ganar
tiempo al tiempo y reinvertirlo de nuevo en crear más riqueza que nos permitiera
seguir adquiriendo!
Fueron esos tiempos de prisas, de correr a ninguna parte, de los cuentos, cada vez
más cortos a nuestros hijos, o incluso dejar que fuera la televisión la que se los
contara, porque nosotros debíamos descansar, para seguir ganando tiempo, para
reinvertirlo, en un círculo pernicioso de viaje a ninguna parte.
La expresión “no pierdas el tiempo” se convirtió en la expresión fundamentalista del
nuevo Dios del día a día, en el que empezaron a no caber charlas intrascendentes,
sentadas de café, y mucho menos noches frescas al abrigo de unos vecinos, con una
silla portátil de madera.
Y así, nuestro subconsciente, fue asimilando, en un trabajo sordo pero efectivo, que
nuestra vida ganaba tiempo, que éramos una generación escogida que sabía por qué
estaba aquí, ¡a diferencia de otras!
¡Por fin tenía sentido levantarse! Era para correr, trabajar, ganar dinero y buscar
tiempo para gastarlo.
Lo demás se convertía en una especie condimento innecesario, al auténtico plato de
la vida.
Y paralelamente enseñamos a nuestros hijos el valor del tiempo, que lo ocupaban
con actividades, con los abuelos, o con canguros, mientras aprendían que lo
© 2016 Jordi Llonch 39