Page 128 - COLECCION HERNAN RIVERA MAS DOS CUENTOS
P. 128
cochambroso colchón de plaza y media todo
desbaratado y con algunos resortes al aire. Allí, el
hombre la obligó a tenderse boca abajo, sacó un
rollo de huincha de embalar de una mochila que
guardaba entre los ataúdes, la amarró de pies y
manos y le cubrió la vista con una vuelta completa
alrededor de su cabeza. Como ella continuaba
llorando y rogando que la dejara ir, terminó
también por amordazarla con la misma huincha.
Luego de manosearla un rato, salió a cerciorarse
de que no hubiera nadie cerca. No quiero que
nadie nos interrumpa, perrita, dijo con su voz de
muerto viviente.
Cuando entró de nuevo al sepulcro, el hombre
se tendió a su lado y comenzó a restregarse
contra ella jadeando y farfullando frases obscenas.
Como ella trató de resistirse, le golpeó la cabeza
contra uno de los ataúdes del costado y la
amenazó con que si quería seguir con vida tenía
que cooperar. Aquí yo soy tu dios, huachita, le
dijo. Después le desató los pies, le subió la falda
de mezclilla y le sacó el calzón, un calzón celeste,
con encajes, que se llevó a las narices y se puso a
oler con fruición. Acezando como bestia, puso a la
10