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CONCLUSIONES
El mundo no viene de afuera hacia nosotros, somos nosotros quienes creamos
y proyectamos el mundo desde nuestra mente. La proyección son los frutos
de las semillas que hemos sembrado con los demás en el pasado.
Podemos cambiar nuestro destino y desarrollar todo nuestro potencial
fertilizando la tierra de nuestro subconsciente y sembrando lo que queremos
ver en el mundo. Para esto lo mejor que podemos hacer es:
1. Una práctica espiritual constante, sin interrupciones, con entusiasmo
y desapego hacia los resultados.
2. Proporcionarles a los demás lo que queremos para nosotros.
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